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CAPITULO 4

CAPITULO IV

LA MOVIDA POLITICA

Las elecciones municipales y autonómicas de 1.897 se aproximaban. En Alianza Popular  la ejecutiva provincial se encontraba fuertemente dividida entre los que apoyaban  la continuidad —sin condiciones— de José María Peña y la de aquellos que aunque siendo conscientes de que tenía que ser el candidato, querían cortarle las alas y  que fuese el partido —y no un grupo de personas sin control, es decir, de incontrolados— quien dominase el Ayuntamiento.

Este deterioro en AP tuvo su origen en el enfrentamiento que protagonizaron Tomas Cortés, presidente de la Diputación, y Vicente Mateos, presidente provincial de AP, por la decisión unilateral del segundo de incluir a su colega y amigo médico  Mariano Villanueva —natural de Zaragoza y escasamente relacionado con Burgos— como candidato al Senado en las elecciones generales de 1.986.

Producto de esta situación de crisis, Tomás Cortés y sus chicos —todos próximos a los planteamientos de Peña— intentaron, pocos meses antes de las elecciones municipales de 1.987, dar, en el seno de la ejecutiva provincial, un golpe de estado que no tuvo éxito.

Esta división de la derecha burgalesa coincidió en el tiempo con la llegada de José María Aznar a Castilla y León: primero, como presidente regional del partido, en Junio de 1.985 —quitando del medio para ello al eurodiputado burgalés José María Álvarez de Eulate—; segundo , como candidato a la Junta, en abril de 1.987, y tercero, como presidente del Gobierno autónomo, en julio del mismo año.

Aznar, cuando todavía era un don nadie en la política, vino a Burgos de la mano de Fraga Iribarne, que fue la verdadera estrella de la convención organizada por entonces secretario provincial de AP, José María Arribas, en el polideportivo municipal del Plantío. Allí, el 15 de noviembre de 1986, Aznar fue proclamado ante las masas candidato a la Junta de Castilla y León y demostró ser todavía un inexperto —estaba bastante verde— en las lides del discurso político. El día anterior a la convención de AP, el socialista José Constantino Nalda era investido en Fuensaldaña como nuevo presidente de la Junta de Castilla y León, en sustitución de Demetrio Madrid, que acababa de dejar el gobierno regional tras conocerse el auto de procesamiento por el supuesto fraude en la venta de su empresa Pekus.

El Joven candidato aliancista, para asegurar su candidatura a la Junta, tuvo que vencer er la fuerte oposición de José María Cuevas —patrón de patrones—, que apoyaba y amparaba al ex ministro Rodolfo Martín Villa, del PDP

Era la época de Antonio Hernández Mancha, que llegó a la presidencia nacional de AP en febrero de 1.987, venciendo precisamente a la candidatura de Herrero de Miñón y José María Aznar.

Después del Congreso Nacional, Mancha, con afán conciliador y con el visto bueno y la recomendación de Fraga, dejó que José María Aznar desembarcara en Castilla y León con plenos poderes en la organización del partido y en la estrategia electoral.

La confirmación de Aznar como candidato se produjo en una comida en el restaurante madrileño Mayte Commodore, en plena boda del segundo hijo de Fraga Iribarne. Allí Mancha cogió por banda en un rincón a José  María Aznar, Rodolfo Martín Villa y José María Cuevas y, tras plantear crudamente la cuestión, el ministro decidió batirse en retirada, momento que fue aprovechado por el aspirante para decir:

_Yo quiero ser el candidato.

Hernández Mancha, un recién llegado a la política de altos vuelos, desconocía por completo la situación de su partido en provincias, así como las malas artes de muchos aventureros del dinero y la presión.

Decidió apostar por el nuevo dirigente del partido en Castilla y León —que luego, como agradecimiento  le fagocitaría— porque “me jodía soportar las presiones de Cuevas y porque  además, Aznar representaba a una nueva generación”.

Ante aquella designación José María Cuevas decidió tirar de influencias y enviar a sus mensajeros, Campmany  y Emilio Romero, entre otros notables escribientes  para que advirtieran al inexperto presidente nacional de Alianza Popular que Aznar era un mal candidato y de que aún estaba a tiempo de rectifican

Con la entrada de José María Aznar López en Castilla y León cambió también el control de AP en esta región. De la centralización de las grandes decisiones se había pasado a la más absoluta descentralización en favor de las regiones y el candidato a la Junta mandaba y ordenaba lo que convenía al partido en las nueve provincias de la Comunidad autónoma.

SE NEGOCIA CON PEÑA

Tres meses antes de las elecciones municipales y autonómicas _hacia el mes de marzo la ejecutiva provincial de AP se marca el objetivo de establecer una estrategia para negociar con el intratable alcalde. Se pretendía dejar como regidor municipal a José María Peña _este era un hecho asumido por todos como inevitable— pero a la vez se quería impedir que fuese de nuevo al gobierno del Ayuntamiento “acompañado de sus cien mil hijos de San Luis”

Había que colocarle en las listas gente de AP, pero no sólo afiliados; tenían que ser, además, fieles a la ejecutiva que controlaba el cirujano Mateos.

Tras una dura votación _Peña tenía hombres muy próximos en la ejecutiva del partido de la derecha— se acuerda que la candidatura a las municipales quede encabezada por José María Peña, pero sin permitirle que pueda imponer otros posibles para que le acompañen.

Todas  las reuniones negociadoras para intentar alcanzar un  acuerdo se celebra en el despacho oficial del alcalde. A la primera asistieron Vicente Mateos, Galo Barahona y José María Olmedo:

-Yo tengo que ir con mi equipo, eso es innegociable Y mi equipo, para garantizar una  adecuada gobernabilidad  debe estar compuesto por diez personas de mi absoluta confianza

Bueno, José Mari, Eso será cuestión de hablarlo; de partida no es conveniente empezar  con imposiciones.

No son imposiciones, Vicente; son cosas lógicas. Yo tengo asegurada la reelección  de alcalde con vosotros o sin vosotros. Conozco a los burgaleses y sé perfectamente que me votarán. Además, tengo garantizada financiación económica suficiente.

-Joder. Si tienes financiación nos gustaría que nos contaras cómo la has conseguido ya que en AP no tenemos un puto duro. Es más, aprovechando la ocasión seria conveniente que tú, como alcalde en las listas del partido así como el resto de los concejales, colaboraseis con nuestras paupérrimas finanzas.

Peña suelta una sonora carcajada y asegura tajantemente:

—Ni hablar. Pero qué dices, hombre. Yo no soy de AP ni de ningún partido político y  por consiguiente no suelto ni un duro para vuestra financiación.

En ese momento las finanzas del partido de Mancha estaban muy deterioradas, lo que  se traducía en graves problemas económicos para las delegaciones provinciales. La escasez de recursos llegaba hasta el punto de que la sede estaba siendo pagada directamente por José María Arribas y Vicente Mateos.

I—Bueno vamos a dejarlo. Es mejor no discutir sobre esta cuestión. Volviendo a las listas, el partido no puede consentir que se apoye una lista en la que sólo vayan dos afiliados. Por lo menos hay que garantizar que habrá seis en las posiciones de salir elegidos.

Oye, por mí no hay ningún problema. Presentaos entonces por vuestra cuenta. Yo va lo tengo todo Solucionado.  Después de las elecciones a lo mejor hasta podemos gobernar juntos.

Los resultados de esta primera reunión no pudieron ser más negativos, aunque ninguno de los responsables de AP esperaba otra cosa. En el fondo, hasta deseaban un enfrentamiento duro para justificar la imposibilidad de llegar a un acuerdo y presentar de esa manera, una lista propia que se enfrentase electoralmente a Peña.

La ejecutiva provincial volvió a reunirse para abordar las negociaciones  con el hostil alcalde. Los planteamientos seguían siendo los mismos, pero Tomás Cortés -era presidente de la Diputación y corporativo municipal defendió la tesis de José María Peña:

—Qué más da que no podamos incluir más gente del partido, si con Peña vamos a sacar más concejales que si vamos solos.

La segunda reunión repitió escenario, el despacho del alcalde, una semana después de la primera. A la misma acudieron Vicente Mateos, César Huidobro, Marino Villanueva, Tomás Cortés y Galo Barahona.

—El número uno de la lista serás tú, José Mari. El partido te apoya y ahí no habrá ningún problema. ¿Estás de acuerdo?

_-Qué tontería, cómo no iba a estarlo! Pero el número dos tendrá que ser Tomás Cortés.

—Lo del número dos mejor vamos a dejarlo en blanco por ahora. Vamos a seguir avanzando en aquellos puestos en los que todos estemos de acuerdo.

Vicente Mateos no quería que Tomás Cortés repitiese como presidente de la Diputación. Sin embargo, tampoco dijo nunca a nadie quién debía ser el candidato para la Corporación Provincial. Alguno de sus colaboradores siempre ha sospechado que él ansiaba el puesto.

—Bueno, pero entonces el número tres tiene que ser Codón.

—Otra vez no, ya está quemado. Parece el incombustible. Hay que cambiar de caras. Yo creo que para ese puesto sería un buen candidato Galo Barahona.

—No sé. Vamos a dejarlo por el momento y sigamos avanzando, si os parece.

—El número cuatro tiene que ser José Luis Calzada.

—Ese, ni hablar. Ese es un vago.

—Oye, tampoco hace falta descalificar; no es necesario que nos tiremos los trastos a la cabeza. Vamos a seguir hablando para ver si avanzamos algo. El numero cinco podría ser Garabito.

—~Garabito! ni hablar. Ese hundió su empresa. Yo a ese personaje no le puedo aceptar.

—Joder, puestos así, ¿sabes lo que te digo? Que a mí Vallecillo me parece una mierda y el partido no le puede aceptar.

— ¿Una mierda Vallecillo? Ese tiene más votos él solo que todos vosotros juntos. Vallecillo es intocable.

—Así no andamos camino. No sé por qué Vallecillo tiene que ser intocable, igual que Abascal. Mira, a ese yo no le admito porque tiene cara de bobo y no me gustan los que tienen cara de bobo.

— ¿Cómo que tiene cara de bobo? Oye, Vicente, no faltes. Es un profesional muy eficaz y además es de mi absoluta confianza.

—Mira, si esto sigue así nos vamos. No se puede mantener una negociación en estos términos.

—De acuerdo, marchaos. Yo ya os dije que lo tengo todo preparado. A mí me da igual…

Lo que no sabían los dirigentes provinciales —y provincianos— de AP es que Peña tenía bien sujetas las riendas del caballo, Negociaba directamente con los dirigentes nacionales del partido. Mon del Río —abogado del Estado y conocido de María Concejo— y Pedro Núñez fueron sus interlocutores más directos.

La Ejecutiva del partido volvió a reunirse de nuevo y decidió —en contra de la opinión el sector que lideraba Cortés— que la aceptación de Peña como candidato a la alcaldía debía supeditarse necesariamente a la inclusión en las listas de seis afiliados signados por los órganos de la dirección provincial. En esta misma reunión se designó al comité electoral provincial presidido por el diputado al Congreso Cesar Huidobro.

Con  la consigna muy clara acuden de nuevo al despacho de José María Peña san Martín:

-El partido ha decidido que en las listas tienen que ir, en puestos para salir, seis candidatos que designemos nosotros.

El alcalde no puede contener su risa, alta, ruidosa, un tanto voluminosa…

Sabéis lo que os digo, que yo a unas elecciones no voy con cualquiera. ¡Estaría bueno! El que tiene los votos y la garantía de ganar soy yo, no vosotros.

-Pero  si da igual, José Mari, ¿verdad que si haces tú la lista vas a meter seis afiliados más?

-Pues claro, Tomás, ¿cómo no voy a hacerlo?

¿Veis? Si lo está diciendo. Que más nos da si va a incluir a más de seis afiliados.

Las negociaciones con los dirigentes provinciales de AP no iban por buen camino y Peña, hombre de bastantes recursos y más hábil de lo que muchos de sus enemigos siempre han pensado, seguía manteniendo contactos directos con la dirección nacional de AP. La situación de enfrentamiento llegó a ser tan grave que la lista  de candidatos terminó siendo abordada directamente por Arturo García Tizón , secretario general de AP, y por el presidente, Antonio Hernández Mancha_

-Antonio, en Burgos hay un gran follón con la elaboración de las listas municipales .Debemos de tomar alguna decisión al respecto.

Si pero ¿qué es lo que ocurre allí exactamente?

-En Burgos además de gente del partido hay una serie de independientes que en la actualidad están gobernando en el Ayuntamiento con José María Peña a la cabeza. Son gente que tiene una gran pujanza, cuña de la misma madera —en referencia la proximidad política— y que están fuertemente apoyados por Rafael Escolar, que les presta su Solución Independiente para presentarse a las elecciones. Si  finalmente no hay un acuerdo entre los del partido y los independientes dividiremos el voto.

-Pues s entonces la orden debe ser clara. Deben de llegar a un acuerdo con los independientes y conseguir una única candidatura.

—Aznar nos dice además que hay que arreglar como sea la situación, porque, si no hay un acuerdo con los de Solución Independiente podrían incluso presentar su propia lista a la autonómicas, y ya sabes que las cosas están muy ajustadas.

Vicente Mateos recibe la orden taxativa de negociar con la suficiente amplitud para que Peña siguiese siendo el candidato a la alcaldía. Por ello, Mateos, acompañado de otros dirigentes provinciales como Mariano Villanueva, César Huidobro

Tomás Cortés, viaja a Madrid y en Génova, 13, se reúnen con los miembros de

Ejecutiva Electoral Nacional en varias ocasiones. La orden no cambiaba y se repetía reunión tras reunión:

—Peña tiene que ser el alcalde.

El viernes, 3 de abril, el comité electoral provincial acuerda ampliar el plazo de las negociaciones para intentar llegar a un acuerdo con el alcalde. Ante la falta de resultados se celebra un último encuentro en Aranda, en el hotel Tres Condes al que asiste también José María Aznar, especialmente interesado en llegar a un pacto que posibilitase la elaboración de una sola lista que representase a la derecha. En esta reunión se elabora una candidatura con diez nombres. Peña vetaba constantemente a personas como José Luis Calzada, Juan Carlos Elorza, Felicísmo Garabito, José María Arribas… No hubo acuerdo y las negociaciones quedaron rotas.

Los dirigentes de Burgos no pierden la esperanza y contra viento y marea continúan presionando en Madrid para intentar que les den luz verde para elaborar una candidatura para el partido.

El jueves, 9 de abril, José María Peña y Tomás Cortés se reúnen en la capital de España con Mon del Río y Pedro Núñez, responsables del Comité Electoral Nacional. También están presentes Vicente Mateos y César Huidobro. Tras varias horas barajando nombres no se consigue ningún acuerdo y, después de una violenta discusión —aquello terminó como el rosario de la aurora, dijo uno de los presentes-

Mateos y Huidobro deciden regresar, sin más dilación, a Burgos. José María Peña y Tomás Cortés se quedan y llegan a un acuerdo con Mon del Río y Pedro Nuñez que les dejan plena libertad para elaborar la candidatura. Se salieron con la suya. Poco después regresaban a Burgos con la lista debajo del brazo.

Peña siempre tuvo plena libertad, reconocida por la dirección nacional, a petición de la regional de Castilla y León, para elaborar la candidatura a su gusto.

El sábado, 11 de abril, los dirigentes provinciales de AP se desayunan con la siguiente información aparecida en el Diario de Burgos: “José María Peña será candidato número uno de la lista de AP en las próximas elecciones municipales. Este acuerdo se alcanzó en las últimas horas y, aunque en fuentes de este partido no se ha informado oficialmente de ello, DB pudo saber a última hora de la n.oche que las conversaciones y negociaciones han llegado a un acuerdo para la formación de listas municipales. José María Peña se presentará por lo tanto a la reelección por esa lista como independiente y no habrá otra candidatura como se había programado caso de no llegarse a un acuerdo. El número dos de la lista de AP será Tomas Cortés, actual presidente de la Diputación”.

Esa misma mañana se celebra una reunión urgente de la ejecutiva provincial para alizar la situación y diseñar la estrategia a seguir. Mateos y el resto de los ejecutivos provinciales de AP echan fuego por la boca. La situación .se les había escapado de las manos y estaban perdiendo la batalla. Tomás Cortés confirma en ese momento que la lista ya estaba aprobada por los órganos nacionales del partido, lo que ocasiona un terremoto en el piso de los aliancistas, en la calle de Laín Calvo.

Cesar Huidobro, visiblemente molesto, le increpa:

~-Joder. ¿Cómo que la candidatura ya está preparada? Haz algo, Tomás, esto hay pararlo, no podemos tragar.

-No puedo hacer nada, hostias. Este hombre —por Peña— es como un toro, cuanto más le picas, más aprieta.

Esta lista no podemos aceptarla, es mearse en el partido.

Mateos y Cortés protagonizan un durísimo enfrentamiento con descalificaciones personales y acusaciones de traición. Cortés defiende a capa y espada a Peña – era valedor para repetir como presidente de la Diputación— y critica duramente a Vicente Mateos y al Comité Electoral provincial por la forma en que han llevado  las negociaciones.

Cesar Huidobro, incrédulo por la noticia —a ellos nadie de la dirección nacional les había notificado nada— llama a Vicente Ruiz de Mencía, director de Diario de Burgos, para pedir una rectificación:

-Esta  noticia es buena, va a misa y las fuentes son de absoluta solvencia. Cesar déjalo si no quieres hacer el ridículo…

Sin embargo, Vicente Mateos desmiente oficialmente esa información, que, sin embargo al  mismo tiempo estaba siendo confirmada a los medios de comunicación locales desde  el gabinete de prensa de AP en Madrid.

Los dirigentes de Burgos, frustrados por lo que se les venía encima, comienzan a fraguar a idea de presentar por sorpresa una lista desde Burgos, sin el consentimiento ni conocimiento de Madrid. De hecho, ese mismo sábado, en la cafetería Briston, se  junta la artillería pesada de los inconformistas: José María Arribas, Galo Barahona, Vicente Mateos, César Huidobro, Mariano Villanueva, Carmela Azcona y se empieza a plantear con seriedad la posibilidad de preparar una lista pirata.

Paralelamente se continuaban realizando gestiones con los órganos nacionales del partido—con Peña los contactos estaban completamente rotos— sin que se consiguiera avanzar mínimamente. Desde la dirección nacional se conocían los planteamientos de Vicente Mateos, que había hecho llegar al Comité Electoral una lista con 22 nombres que podían ser candidatos en las elecciones municipales. Tomas Cortés, junto con José Luis Moneo, realiza un nuevo viaje a Madrid y en Génova  13 ultiman la candidatura de AP en Burgos. Se aprovecha también la ocasión para mostrar la preocupación existente ante ciertos rumores que apuntaban a la posibilidad de una rebelión entre los aliancistas burgaleses. Por ello Cortés pide expresamente que se ordene al apoderado del partido en Burgos, José María de Iturrino, que sólo presente la candidatura encabezada por Peña.

El día 24 de abril —cuando estaba reunido el Comité Electoral provincial  estudiando el camino a seguir— el Comité Electoral Nacional remite un telex, firmado por Pedro Núñez, con 18 nombres para las elecciones municipales: José Maria Peña, Tomás Cortés, José María Codón, Manuel Muñoz, Mariano Hervás, María Olmedo, Enrique del Diego, Femando González de la Puente, Miguel Vallecillo , José Luis Moneo, Rubén González, José Antonio Bañuelos, Víctor Martínez, Cándida Saiz, Cristino Díez, Antonio José Pereda y Miguel Vicario. De estas 18 personas, diez eran independientes.

De la lista había sido fulminado Emilio Izquierdo, que hasta ese momento era el único que Peña había aceptado entre los propuestos por Vicente Mateos y  que fue colocado inicialmente en el número diez. Además, se había incluido a Ruben González y Miguel Vicario, sin que éstos tuvieran conocimiento de ello.

Al día siguiente, sábado, se reúne urgentemente la ejecutiva provincial y el comité electoral provincial- presidido por César Huidobro, dimite en pleno al sentirse desautorizado. También se habla de la posibilidad de una dimisión en masa de todos los cargos del partido.

El lunes por la mañana, Vicente Mateos, César Huidobro y Mariano Villanueva viajan a la capital de España para realizar un último intento con los dirigentes nacionales:

—Esta es la lista, es la única candidatura de AP y no hay más que discutir.

Mateos y Villanueva acuden a Arturo García Tizón y Antonio Hernández Mancha:

—Nosotros de eso no sabemos absolutamente nada. Es una cuestión del Comité Electoral Nacional. Lo han decidido así y sus razones tendrán.

—Pero, joder. ¿No os dais cuenta de que esos independientes no tienen nada que ver con el partido, que no va a ver quien les controle y que simplemente se van a limitar a usar nuestras siglas? Esos tipos son peligrosos, hacen lo que les sale de las pelotas. No podéis dejar tirada a la gente de Alianza Popular de Burgos.

—Nosotros no sabemos nada, os repetimos. Ha sido cosa del Comité Electoral que habrá evaluado todas las posibilidades y la mejor forma de no dividir el voto de la derecha.

José María Peña declaró a la prensa que esa no era su lista: “Es una candidatura hecha y consensuada donde creemos que están los que deben estar, personas que han demostrado ya su capacidad, entrega, trabajo, honradez y cariño a Burgos. He intentado por todos los medios llegar a un acuerdo amistoso con la gente de AP de Burgos; si otras personas no han considerado este oportuno no es culpa mía. Tengo la conciencia tranquila y desde luego no voy al asalto de nada…”

José María Arribas llama a José María de Iturrino y le cita en su fábrica, Indasa. Allí le explica la situación y le convence para que, como apoderado del partido en Burgos, presente la candidatura de AP y no la encabezada por José María Peña y Tomás Cortés. Ya en ese momento los peñitas  tenían la absoluta certeza de que  otra fracción estaba preparando una candidatura alternativa. Por ello habían decidido jugar a dos cartas: exigir a la ejecutiva nacional que controlase el proceso de presentación de las listas, para evitar cualquier sorpresa, y, paralelamente, preparar la candidatura bajo las siglas de Solución Independiente, que eran propiedad de Rafael Pérez Escolar.

Jose  María Peña no se fiaba de los dirigentes provinciales. Adoptó desde el comienzo medidas preventivas que garantizasen la presentación de su propia candidatura.

En esta alternativa, además de los fieles peñistas, estaba José María Codón, un hombre que por activa y por pasiva había manifestado en diversas ocasiones su firme decisión de abandonar la política. Peña insistió en que le acompañase de nuevo para gobernar el Ayuntamiento —era su mano derecha—. Codón terminó cediendo aunque impuso dos condiciones: que se incluyera como candidato a francisco Javier Quintanilla y que a él se le apartara completamente de cualquier actividad municipal de carácter representativo: “Yo no tenía tiempo para acudir a actos oficiales”.

Para evitar lo peor, días antes del inicio del periodo para la presentación de candidaturas ante la Junta Electoral, Cortés estuvo buscando a José María de Iturrino. Sin embargo, el apoderado estaba en paradero desconocido, no aparecía por ninguna parte ni respondía a las llamadas.

El día 27 la ejecutiva provincial acuerda rechazar la lista que quería imponer la dirección nacional del partido. El 28 de abril, primero en el domicilio de Juan Carlos Elorza —en Villarmentero— y luego, por la noche, en la casa de otro afiliado, Antón Peña, se celebra una reunión para ultimar la lista que se había comenzado a preparar días s antes. Allí se dan cita’ Galo Barahona, Emilio Izquierdo, Felicísimo Garabito, José María Arribas, Carmela Azcona, Cristino Díez…

Vicente Mateos y Mariano Villanueva llegaron a las dos de la madrugada procedentes de Madrid, donde habían intentado —sin excesivo éxito— reconducir la situación con los dirigentes nacionales. César Huidobro se quedó en la capital  España para realizar un último intento ente el Comité Electoral Nacional y1 no estuvo en esta reunión a pesar de que él iba a ser el candidato a la alcaldía

Los asistentes, con un sentimiento entremezclado de optimismo, nerviosismo y esperanza, llegan  a enfrentarse por el lugar a ocupar en la candidatura. Galo Barahona y Emilio Izquierdo se marchan disconformes con la escasa relevancia que se les otorgaba. El pintor Cristino Díez estuvo hasta la una de la madrugada —era una especie de agente doble—, momento en el que se fue para contar a Peña lo que ocurría.

Al mismo  tiempo se preparan también las listas para las elecciones autonómicas. En su elaboración no hubo ningún problema ni enfrentamiento. Mientras que la mayoría de  los allí presentes se estaba pegando por aparecer en las municipales, José maría Arribas —político hábil e intuitivo— había elaborado una candidatura que el mismo encabezaba.

El 29 por la mañana, Iturrino, José María Arribas, José Luis Calzada y Vicente

Mateos acuden al bar Abrigaño y desde allí van hacia la Junta Electoral Local donde presentan, con gran satisfacción personal, la lista pirata encabezada por el  abogado y diputado César Huidobro Díez. Para no ser vistos decidieron entrar por la puerta trasera del Palacio de Justicia, lugar en el que siempre está la Policía, Nacional.

José María de Iturrino, después de cumplir su cometido, decide desaparecer.

Sin embargo, Arturo García Tizón moviliza a media ciudad y consigue localizarle:

—Retira inmediatamente la lista que has presentado o te abro un expediente, te expulso del partido y te monto un lío.

José María Arribas, teniente de alcalde en el Ayuntamiento que presidía Jose María Peña, se dirige hacia el edificio municipal para cumplir con sus obligaciones políticas. Sin embargo, decide entrar en la Cafetería Plaza para tomar un café. Allí se encuentra con Mariano Hervás —hombre de confianza de Peña— y con Alejandro Joaquín Rodríguez, jefe de prensa del Ayuntamiento:

—Ya sabes que Arturo García Tizón ha confirmado que Peña va a encabezar la candidatura.

—Ah, ¿sí?

—Sí señor. O sea, que ya está todo solventado y no hay más que discutir.

—Bueno, bueno, ya veremos, ya veremos —dijo un Arribas irónico, mientras se relamía pensando la cara que pondría su alcalde, José María Peña, cuando se enterase de la jugada que le habían preparado.

Iturrino, pieza clave en este entramado, comunica, nervioso, a los dirigentes provinciales las órdenes recibidas desde Madrid. Estos le tranquilizan y Arribas incluso le asegura que no tiene nada que temer porque estaba cumpliendo con los estatutos del partido. En ese momento la sede de AP en Burgos era un auténtico bunker.

A la 1 de la tarde, César Huidobro en solitario preside una rueda de prensa en Ia que comunica la presentación de la lista de AP que se enfrentará electoralmente con la de José María Peña. Explica que era la mejor solución porque por fin en Ayuntamiento gobernaría AP y no un grupo de independientes incontrolados. E1 abogado César Huidobro Díez había entrado en política en los primeros tiempos de Alianza Popular y en dos convocatorias electorales, 1982 y 1986, había salido elegido diputado al Congreso por Burgos.

En ese momento José María Peña se encontraba reunido en su despacho de la alcaldía con todo su equipo a los que había convocado urgentemente. Se comienza diseñar la estrategia para presentar la alternativa que tenían preparada, no solo para las elecciones municipales, sino también para las autonómicas, esta última encabezada por Tomás Cortés.

Se presentarían a las elecciones con las siglas de Solución Independiente, que les prestaba Rafael Pérez Escolar, persona relacionada con José María Concejo y con  Miguel Méndez Pozo y con el propio alcalde a través de Instituto de Estudios   CasteIlanos.

Al día siguiente, 30 de abril, José María de Iturrino presenta la candidatura de AP por Burgos para las autonómicas, compuesta por José María Arribas Moral, Juan Carlos Elorza, Pilar Urzay y Carlos Jiménez Higuera.

Los dirigentes nacionales de AP presionan a estos chicos de provincia que se habían rebelado. En Madrid se había recibido la queja de José María Aznar; había pedido que se ordenase la inmediata retirada de la lista.

Ante el escaso éxito de las ordenes de los órganos nacionales y regionales del partido –era como si gritasen a las paredes— llega a Burgos el apoderado regional Jesus Sepulveda —hombre de confianza de José María Aznar— con poderes a favor de Siro Rodríguez, que es nombrado nuevo apoderado en Burgos, con la mision de retirar la lista de AP

Las l1amadas se suceden y los máximos dirigentes nacionales y regionales del partido piden calma a un enfadado José María Peña para poder solucionar el problema. Este no acepta las disculpas, entiende que se había incumplido el compromiso y decide sin más presentar sus propias listas. Era el 2 de mayo, el mismo día en que Vicente Mateos y César Huidobro se reunían en Burgos con Manuel Fraga-que vino a pescar—, al que pidieron que intercediera ante los órganos nacionales.

El juez  estaba en la Junta Electoral de Zona, ante el que se presentaron las candidaturas ante el que se retiraron, el que resolvió en primera instancia los recursos interpuestos. …era el juez Mallo, el mismo que, tiempo después, instruiría la denuncia de la construcción.

El alcalde lo tenía todo preparado. Disponía de fondos económicos, de organización para afrontar las elecciones y de estrategia para la campaña. Todo estaba listo.

Azar habla con Peña y pactan retirar la lista municipal de AP y la autonómica de SI. Sin embargo, el nuevo apoderado del partido cumplió la orden de retirar la candidatura municipal sin que hubiera reciprocidad por parte de SI. José María Aznar vuelve a reunirse en el Ayuntamiento con el alcalde y este se niega en rotundo a quedarse sin candidatura a las Cortes regionales. Quería extender sus tentáculos hasta Valladolid y tener allí un portavoz de sus principios e ideas políticas. Alguien que además, podría ser decisivo con su voto para mantener o hacer caer al futuro gobierno regional.

José María Aznar llama a la sede nacional del partido y pide que se fulmine a los chicos de  Burgos:

-Hay que destituir a los responsables de este desaguisado y abrirles un expediente. Yo en mi calidad de presidente regional del partido, asumiré también la presidencia de la gestora de Burgos.

Desde la dirección nacional así se hizo: “Aznar era plenipotenciario en su región. Nosotros siempre decíamos: ‘lo que diga Aznar’. La verdad es que no teníamos ni puñetera idea de lo que se estaba cociendo en Burgos, hasta el punto de que procedimos disciplinariamente contra Vicente Mateos y César Huidobro y, al poco tiempo, nos dimos cuenta de que ellos tenían razón y de que actuamos inducidos a error por Aznar, porque los independientes hacían lo que les salía de las pelotas. Nos la habían metido floja”.

Tras la indisciplina de los provincianos de Burgos —una rebelión a bordo en democracia no se admitía—, se establece una gestora provincial presidida por José María Aznar, que no apoyó ni financió la candidatura de AP por Burgos a las auto- nómicas, hasta el extremo de que los gastos de la campaña electoral se los pagaron los propios candidatos de su bolsillo, con un costo total de 850.000 pesetas.

Antonio Hernández Mancha tampoco apareció por Burgos, aunque sí apoyó la campaña de Aznar con su presencia en varios mítines. En aquellos tiempos Aznar no era ningún experto en el mitineo y cenaba los actos políticos siempre, después del presidente nacional. Esta circunstancia cabreaba enormemente a Ana Botella, que llegó a pedir que fuera Aznar el primero en hablar y que los mítines los cerrara Mancha para que su marido “no quedara tan en evidencia”.

COMO SE PAGO LA CAMPAÑA…

En el último mitin de José María Aznar, el de cierre de campaña en Valladolid, se utilizó una buena luminotecnia y sonido; costó cerca de tres millones, y, sin embargo, ese capítulo no está en la contabilidad del partido, no se pagó con dinero oficial; se desconoce cómo se abonó esa factura, según denunció el que fue senador de Coalición Democrática por el PDP, Antonio Valverde. 1

La maquinaria electoral de Solución Independiente comenzó a trabajar a pleno rendimiento. Contrataron a una empresa francesa que se encargó de dirigir y diseñar la campaña. Los carteles con la fotografía de Peña estaban por todos los puntos y rincones de la ciudad. Los anuncios en el Diario de Burgos y las cuñas en emisoras de Radio fueron numerosísimas, así como los librillos con el programa electoral, elaborado en papel couché, de alta calidad.

Para su financiación los de si solicitaron dos créditos. El primero a la Caja de Ahorros del Circulo Católico, firmado por José María Peña, Manuel Muñoz Guillén, José María Codón, Francisco Javier Martínez Abascal y Mariano Hervás. El segundo lo pidió y firmó exclusivamente José María Peña con el Banco de Comercio. Sin embargo, según José María Codón, hubo un tercer préstamo Con la Caja de Ahorros Municipal. Estos créditos se amortizaron a lo largo de cuatro años desde 1987 hasta 1.991— mediante amortizaciones aportadas por los 17 concejales que resultaron elegidos. De sus retribuciones como corporativos se les retenía mensualmente una cantidad que oscilaba entre las 20.000 y las 35.000 pesetas en función de sus ingresos. Estos créditos se realizaron con una operación diseñada por Manuel Muñoz- persona de confianza de José María Peña y Antonio Miguel Méndez Pozo— y supusieron algo más de 20 millones de pesetas. La gerente oficial de la campaña electoral de Solución  Independiente fue Conchita, la mujer del concejal Martínez Abascal.

Solución Independiente recibió también otras ayudas externas, como los camiones de Excavaciones Saiz, que gratuitamente recorrían la ciudad con pancartas propagandísticas de SI.

La financiación de la campaña de Peña nunca ha estado clara, ni tampoco nunca se ha querido aclarar, pero hay notables datos contradictorios. Algunos expertos la  sitúan en un coste cercano a los 40 millones de pesetas.

Sin embargo, los hechos dicen que Solución Independiente presentó ante el Tribunal de Cuentas Unos gastos electorales por un importe de 3.492.352 pesetas, recibiendo como subvención del Estado la cantidad de 1.293.355 pesetas. La empresa francesa tuvo permanentemente a lo largo de toda la campaña a una persona en Burgos —concretamente, una mujer de gran talento y belleza Los costes de publicidad en los medios de comunicación se acercaron a los tres millones de pesetas -sólo al Diario de Burgos le pagaron, por los anuncios insertados, cerca de 1.500.000 pesetas. Los cientos de carteles con las fotos de Peña y de otros ciudadanos  apoyando la gestión del alcalde —realizadas por Lupi— fueron diseñados por el artista Segundo Escolar y se imprimieron, junto a los librillos de papel couché, en Bilbao.

A todo esto hay que añadir varios miles de bolígrafos, llaveros y publicidad electoral, así como los gastos de las dos sedes que SI mantuvo durante la campaña: una en Julio Sáez de la Hoya  -en oficinas alquiladas a la Caja de Ahorros del Circulo Católico y la segunda, en Gamonal.

El informe del Tribunal de Cuentas dice que en la provincia de Burgos la candidatura de SI concurrió simultáneamente a las elecciones municipales y a las Cortes de Castilla y León. También dice que no se superó el límite máximo legalmente establecido El Tribunal de Cuentas añade, sobre las aportaciones de los candidatos para hacer frente a los gastos, que ninguna de ellas superó el millón de pesetas. Sin embargo, los gastos electorales de SI fueron muy superiores a las cifras declaradas.

El 10 de junio del 87, el éxito de Solución Independiente fue arrollador: 44.438 votos (el 53,5 por ciento de los emitidos) y 17 concejalías, frente a las ocho del PSOE —que presentó de cabeza de lista a Pedro Díez Labín— y a las dos del CDS. Por muy pocos Votos el profesor poeta escritor Tino Barriuso, cabeza de lista por Izquierda Unida, no pudo entrar en el Ayuntamiento. En las autonómicas, el partido de Peña consiguió 19.282 votos y el acta de procurador para Tomás Cortés.

Alianza Popular —sin lista en la capital_ triplicó en las autonómicas los votos de SI  y consiguió cuatro procuradores. En el global de la región, el PSOE, con Juan José Laborda, y Alianza Popular, con José María Aznar, empataron, con 32 procuradores. En Votos, en Castilla y León los aliancistas tuvieron cinco mil más que los socialistas El reparto de escaños se completó con 18 procuradores para el CDS, uno del PDP y otro de Solución Independiente, Tomás Cortés, el hombre que facilitó días después el acceso de Aznar a la presidencia del gobierno regional.

El 20 de julio, Peña tomó posesión del cargo por tercera vez. Sus primeras palabras las dedicó a los partidos políticos, “instrumentos democráticos de primer orden a los que debe utilizarse como medio y nunca consagrarlos como un fin”.

José María Peña insistió en que por encima de los partidos están el pueblo y el hombre, y agradeció el respaldo mayoritario de los burgaleses a pesar de las “confusiones, zancadillas e infundios” de las que dijo haber sido víctima durante la campaña.

LAS FINANZAS DE AP

En aquellas fechas las finanzas de AP estaban completamente secas. La presión económica contra el equipo de Mancha era brutal. No había ingresos y las deudas se aproximaban a los 6.000 millones de pesetas. Antonio Hernández Mancha optó por reducir gastos drásticamente. Se rebajó la plantilla en un 43%, pero a pesar de ello la situación seguía siendo extremadamente grave.

Las arcas de AP estaban llenas de telarañas, no había ni una sola peseta. Los recursos económicos eran tan escasos que no “había dinero ni para comprar a algunos periodistas según ha relatado un antiguo dirigente aliancista.

La Banca Echevarría embargó las maquinas detectoras de metales de la sede nacional del partido y en el hotel Ercilla de Bilbao, donde Mancha se hospedó, por recomendación del ministro Barrionuevo, después de una concentración antiterrorista en San Sebastián, el gerente le recordó al mandamás de AP que tenían una deuda con el hotel de seis millones de pesetas.

Para afrontar la campaña electoral que se avecinaba, Mancha entabló negociaciones con los siete grandes de la banca, pero todos estaban especialmente cabreados con AP, sobre todo con Manuel Fraga, porque, debiéndoles dinero, había pignorado a favor de la Confederación de Cajas de Ahorro los activos del partido.

Lo primero que plantearon los siete grandes a Mancha fue quién iba a maneja

las finanzas del partido, ya que si Sanchís seguía siendo el responsable la respuesta era: ni un duro de crédito.

Mancha reflexionó: “algo tiene el agua cuando la maldicen”; decidió sustituir a polémico tesorero y se c6mprometió a que los bancos cobraran directamente de Ministerio del Interior el 75 % de las subvenciones estatales por los futuros resultados electorales.

En ese momento de fuerte endeudamiento la financiación de AP estaba centralizada, de tal forma que se enviaban 300.000 pesetas mensuales a cada delegación provincial para el pago de la sede, luz, teléfono y gerente o secretaria. Las dificultades económicas se estrechaban y llegó un momento en que ti había dinero para las provincias. Se propuso en su lugar el envío de letras de cambio.

Hernández Mancha expuso esta situación a José María Aznar, cuando éste ya era presidente de la Junta de Castilla y León.

—José María, la situación es tan grave que os vamos a enviar este mes una letra en vez de un talón. Explícaselo a la gente de las provincias para que, si pueden, no las negocien hasta la fecha de su libramiento.

—Antonio, mira, como andáis tan mal, a Castilla y León no hace falta que mandes ningún dinero. Nos las podemos arreglar perfectamente.

—Pero, hombre, ¿cómo no os vamos a ayudar?

—De verdad, Antonio, no hace falta. Nos podemos arreglar perfectamente sin ese dinero; déjalo de mi cuenta.

—No serás tan insensato de detraer fondos de la Junta para financiar el partido.

—Antonio, ¿qué dices? Aquí sabemos hacer bien las cosas…

Mancha no se fio de Aznar —se fiaba sólo lo justito— y envió las nueve letras de 300.000 pesetas cada una.

Todo esto era muy raro —según han comentado varios dirigentes nacionales de la etapa de Mancha—. “Dinero hubo en Burgos y en Valladolid, eso nosotros lo sabemos perfectamente. Perras claro que hubo, y en bastante cantidad, pero nunca pasaron de Somosierra .Además, AP de Castilla y León, en aquellas fechas, era la única organización regional del partido que no tenía déficit. ¿Cómo pudieron tener los fondos que nunca tuvimos los demás?”.

Antiguos dirigentes de AP de Burgos —que prefieren guardar el anonimato—aseguran que el precio por retirar la candidatura a las municipales fue de 70 millones de pesetas.

PEÑA SE QUEDA COMPUESTO Y…

EL  odio y el rencor se habían acentuado a lo largo de la campaña electoral. Las posiciones estaban cada vez más distantes y enfrentadas. Ello propició que, debido a resultados electorales en la provincia burgalesa, Peña tuviera que contar con el apoyo del AP para que Tomás Cortés repitiese al frente de la Diputación. Para ello se pidió ayuda a José María Aznar, a cambio de apoyar el gobierno de la Junta. El empate registrado entre AP y el PSOE en Castilla y León obligaba a Aznar a tener que pactar un voto, precisamente el de Tomás Cortés.

En la entrega de las credenciales en la Junta Electoral coinciden Victorino Alegre del CDS; Ángel Olivares y Julián Simón de la Torre, del PSOE; y José María de Iturrino. Allí se entabla entre todos una conversación amigable y desenfadada que continua, en forma de comida, en el patio del Mesón de los Infantes:

—A que no jodemos a Peña y le quitamos la Diputación.

—Ove, es una idea cojonuda, por nosotros no hay ningún problema.

—Tú. ¿Qué opinas, Iturrino?

-Podría ser posible, yo creo que dos votos nuestros estarían garantizados, pero eso no depende de mí, debéis hablarlo con otros.

Inmediatamente los del CDS se pusieron en contacto con José María Arribas, que había resultado elegido procurador en las Cortes regionales, y que al mismo tiempo había sido uno de los principales instigadores en la presentación de la candidatura pirata. La idea del pacto de la Diputación a tres bandas se empezaba a fraguar.

Para llevar adelante el pacto era necesario encontrar personas dispuestas a desobedecer las órdenes de José María Aznar, e incluso que se enfrentaran a él en la elección de diputados que debía celebrarse en todas las cabeceras de comarca entre alcaldes y concejales de AP.

En la cafetería Brístol coincidían habitualmente a desayunar Vicente Mateos, Carmela Azcona, José María Arribas y Mariano Villanueva. También solía acudir José Luis Montes, la persona ideal para la presidencia.

Montes les parecía manejable y sin excesiva personalidad. Era alcalde de Santa María del Campo y en la anterior legislatura había sido diputado provincial con Tomás Cortés. Al principio la propuesta no acababa de cuajar, pero finalmente José Luis Montes aceptó sin excesiva resistencia.

En la consulta de Mateos se celebraron dos reuniones entre Ángel Olivares, Julián Simón de la Torre, Fernando Cardero y Juan José Laborda —este último en una ocasión— todos del PSOE; Mariano Villanueva y José María Arribas, de AP, y Victorino Alegre, del CDS. También asistió José Luis Montes, que en la primera ocasión llegó tarde deliberadamente, ya que no quería conocer los pormenores. Allí se alcanzó un principio de acuerdo y se quedó en una posterior reunión para cerrarlo definitivamente y establecer el reparto del poder.

José María Aznar, informado de estos movimientos, comienza a mover sus peones para evitar que Montes saliera elegido diputado provincial por el partido de Lerma. Su candidato era Clemente Martínez. Convoca a todos los concejales y alcaldes de AP de la comarca de Lerma en el hotel Tres Coronas, donde les pide que deleguen en su persona la decisión de la elección de los diputados. Aznar sólo consiguió el apoyo de 15:

—Amigo José Luis, tienes mucho poder aquí —le dijo Aznar.

Seguidamente José María Aznar y José Luis Montes, junto a otras gentes del partido, viajan a Oña, para intentar que por esa comarca saliera elegido Eliseo Somalo, en lugar de Iciar Sáez de Buruaga. Tampoco consiguió su propósito. La reunión se celebró en un salón cedido por la Diputación —el presidente en funciones seguía siendo Tomás Cortés— y acabó como el rosario de la aurora.

Unos días antes de la elección de diputados, Aznar, dándose cuenta de que estaba perdiendo la batalla, decide llamar a José Luís Montes, que se encontraba en su domicilio reponiéndose de una intervención quirúrgica que se le realizó para extraerle una espina del recto.

—Me cuesta decirte esto, pero quiero que no te presentes a diputado y retires la documentación.

—José María, eso es imposible. La documentación está ya en el juzgado. Si me retiro tendré que dar alguna explicación. ¿Acaso he cometido algún crimen o algo así para que me pidas eso?

—Piénsatelo, te lo pido porque es una necesidad del partido.

—José María, ya tengo los suficientes años como para exigir que me des una explicación de lo que está sucediendo aquí. Lo que voy a hacer es reunirme con los que han  apoyado y firmado mi candidatura. Les diré que pides que me retire. Si ellos lo ven bien no tengo inconveniente en dejarlo.

Montes no pierde el tiempo y cita a los alcaldes que le avalan en la taberna de Villalmanzo. Aznar, antes, llamó de nuevo a Clemente Martínez y le pidió que accediera a ser el candidato:

—Lo siento, pero antes debo hablar con José Luís y exponerle lo que me estás pidiendo.

Martínez y Montes se van a comer a Quintana del Puente con Mariano Villanueva y Vicente Mateos y allí deciden continuar. Lo tenían muy claro: no podían dejar la Diputación en manos de personas ajenas a AP. No se explicaban cómo Aznar era capaz de renunciar al Gobierno de la Corporación burgalesa y dejarla en manos de otras formación política.

Clemente Martínez viaja a Valladolid donde comunica personalmente a Aznar que no se presentará a la elección. Mientras, Montes, que no veía las cosas claras, decide hablar con Tomás Cortés. Sospechaba que los de SI y Aznar estaban negociado directamente.

—Tomás, explícame lo que está pasando aquí. Dime a qué viene el interés de

Azar en todo este tema.

—No, como por ahí se dice que tú eres el presidenciable…

—Dile a Aznar que si me llama personalmente y me pide que te vote a ti para que la Diputación la gobierne SI en vez de AP yo lo hago. Incluso estoy dispuesto a darte por escrito mi compromiso.

-No, si lo que quiere Aznar es que tú no salgas diputado, no que me des tu voto.

—Pues, entonces, a partir de ahora que cada uno aguante su vela.

La víspera de la elección de diputados, José María de Iturrino y Jesús Sepúlveda recorrieron media comarca buscando a Clemente, pero no apareció por ningún lado.

El día de la elección, el gerente regional, Fernando Navarro, por mandato de

Aznar, realiza un último intento y habla con cada uno de los alcaldes y concejales de1 partido que debían votar en la elección de diputados, a los que pide que sigan directrices marcadas por los órganos del partido en Castilla y León.

José Luis Montes y Clemente Martínez llegan juntos. En ese momento Navarro da cuenta de que no hay nada que hacer y así se lo transmite a sus jefes de Valladolid .José Luis Montes resulta elegido por unanimidad y Navarro le dice:

—Enhorabuena, tú eres el candidato de Aznar.

Dos días antes de la celebración del pleno para la elección del presidente se reúnen todos los diputados de SI y AP. Tomás Cortés le exige a Montes que se comprometa a no ser presidente:

—Lo siento, pero yo ya estoy libre de todo compromiso.

Al día siguiente se celebra una reunión, que se inició a las 4 de la tarde, en la casa de Juan Carlos Elorza, en Villarmentero. Allí están Julián Simón, Ángel Olivares Fernando Cardero, José María Arribas y Vicente Mateos. Los del CDS llegaron de madrugada. Algunos pensaban que no acudirían porque habían sido comprados por los de SI. Desde la dirección regional del partido llaman al teléfono público del pueblo en tres ocasiones para hablar con Elorza, aunque éste no se quiso poner.

La reunión se prolonga hasta altas horas de la madrugada, aunque Montes abandonó antes de su finalización, dando por buenos los acuerdos a los que pudiera llegar en el reparto de poder. Los asistentes cenaron, rieron y bebieron, algunos en grandes dosis; se sumergieron en el sabor y olor del poder y del alcohol,  celebrando lo que iba a ser uno de los mayores golpes contra José María Peña.

Llegado el día clave, el 5 de julio de 1.987, mientras en el PSOE se reúnen miembros de la ejecutiva para refrendar el pacto, Ángel Olivares, Vicente Mateos. José Luís Montes y Victorino Alegre quedan en el hotel Landa para firmar el acuerdo —lo que después se llamó “el pacto del Landa”—. De ese documento sólo existe una copia que está en manos de Ángel Olivares.           Mientras tanto, Juan José Lucas, enviado expresamente por Aznar, se reúne en la cafetería Ojeda con José María Arribas para intentar convencerle y evitar que c. anciano Montes salga elegido presidente.

En la Diputación, minutos antes del pleno —el Palacio Provincial estaba abarrotado de periodistas, políticos y curiosos—, Lucas se reúne con todos los diputados de AP y les pide que voten a Tomás Cortés. José Luís Montes ofrece la posibilidad de que José María Martínez —el otro voto necesario para el pacto— sea el presidente, pero éste no acepta.

En el salón de plenos los bancos están abarrotados. Allí está Juan José Laborda, un peso pesado de la política nacional. También asiste José María Peña y multitud de personas de los diferentes partidos, sobre todo del PSOE y de SI, que recibieron ordenes de acudir. Todos los diputados de AP votan a Tomás Cortés, excepto José María Martínez y José Luís Montes. El PSOE y el CDS votan a Montes, que de esa manera resulta elegido por 14 votos a favor.

Peña, enfadado con el resultado, asegura a los periodistas que nunca hasta ese momento José Luís Montes había llegado a más ni la Diputación a menos. Lucas anuncia que se abriría un expediente a los dos afiliados que desobedecieron las directrices del partido. Sin embargo, después se abrazó a Montes y le dijo:

—Tranquilo, no pasa nada. No te preocupes por lo del expediente. Son cosas que se dicen a la prensa.

Desde ese mismo día, Aznar, Peña y Méndez Pozo se propusieron romper el pacto lo antes posible. La dirección nacional de AP, encabezada por Hernández Mancha, apostó por el pacto tripartito.

Burgos fue el terreno donde Aznar y Mancha comenzaron la guerra que libraron durante varios meses y que acabaría con la muerte política del abogado del Estado venido de Andalucía.

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Comentario por Clarissa




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