Eljefe’s Weblog


CAPITULO 2

-LA SENTENCIA

Gobierno Civil de Burgos. Miércoles, 6 de Mayo de 1992.

 

—Don César, le llaman de la Comisaría. Dicen que es urgente.

 

—Páseme la llamada.

 

César Braña está impaciente. Esperaba que los servicios de información hubieran cumplido a la perfección su cometido, logrando, en contra de la voluntad de magistrados de la Audiencia Provincial, enterarse de la sentencia del caso de la construcción.

—Buenos días…, ¿ya se ha enterado?

 

—Sí, señor gobernador. La sentencia es absolutoria.

 

—¿Absolutoria dice? ¿Está usted seguro?

 

—Completamente, señor gobernador. No tengo ninguna duda.

 

César Braña, el gobernador civil más odiado por la derecha tradicional de Burgos y uno de los políticos más guerreros de los que han pasado por esa provincia, se queda callado y pensativo. ¿Cómo puede ser?, piensa, mientras, casi de forma instintiva, ordena a su secretaria que le ponga urgentemente con el ministro del Interior. su amigo José Luís Corcuera.

—Buenos días, César, ¿qué tal estás? ¿Cómo van las cosas por ahí?

—Bien, José Luís. Bueno. Mejor dicho, no tan bien. Ya conocemos la sentencia absolutoria.

 

— ¿Absolutoria, dices? Parece imposible…, si estaba claro que les iban a empapelar Bueno. Lo importante hora es garantizar el orden público; evitar que algún grupo  de exaltados pueda provocar incidentes.

            —No te preocupes. Ya lo tenemos todo preparado y no creo que vaya a suceder

Nada  especial. De todas formas, a lo mejor resulta que nos hemos equivocado y les

Condenan.

 

            —César, eso es imposible. Los servicios de información nunca se equivocan.

            Había  que reaccionar con rapidez. Era necesario informar de la decisión de los jueces más gente. El despacho del gobernador se inundó de actividad. El teléfono de sonar, se había convertido en la más preciada herramienta de trabajo…

 

—Don César, el presidente del Senado al aparato.     

-Juanjo, ¿qué tal andas?

            —Bien, bien. Cuéntame, ¿qué sucede?

            —Los servicios de información nos han dicho que la sentencia es absolutoria.

            — ¿Absolutoria? Parece increíble. Bueno, la verdad es que en esa ciudad a uno ya no le extraña absolutamente nada. ¿Y estáis completamente seguros?

            —Creo que sí; pero, oye, a lo mejor hay un error y se han equivocado.

            Las noticias y los rumores de una posible absolución se habían extendido rápidamente por la ciudad. Incluso era un dato que se estaba manejando en la redacción de los medios de comunicación locales que habían entrado en una guerra por eso que los periodistas —muchas veces de forma estúpida— llaman primicia.

            En el despacho de José María Codón, ex concejal y uno de los principales encausados en el proceso de la construcción, se recibe una llamada de Francisco Javier Quintanilla, primer teniente de alcalde:

            —Oye, es necesario detener a Peña. Con una sentencia absolutoria puede realizar declaraciones muy duras, hay que hacer algo para pararlo como sea…

            Los dirigentes del PSOE, que habían sido puntualmente informados por Braña, entre la incredulidad y la decepción, preparan su estrategia. Se establece con minuciosidad lo que habrá que responder a la prensa, y, sobre todo, durante las primeras horas de la mañana del día 7 los máximos responsables estarán ilocalizables.

            Juan José Laborda, presidente del Senado, el político burgalés más brillante en la última década, no acaba de ver —ni de asumir— con claridad que pueda dictarse una absolución generalizada. Persona de grandes recursos y con una gran capacidad de relaciones humanas, decide realizar gestiones por su cuenta. Llama al que fuera presidente de la Audiencia Territorial de Burgos y primer presidente del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León.

            —Antonio Nabal Recio, por favor.

            — ¿De parte de quién?

            —De Juan José  Laborda.

—Un momento, por favor…

 

            —Juanjo. ¿Qué tal? Dime…

            —Oye, quiero que te enteres como sea de la sentencia. Nos han dicho que les absuelven y es necesario confirmarlo.

            —Pero si ya lo he intentado en varias ocasiones, desde que me lo pediste la última vez, y me ha sido imposible. Parece el secreto de la corona. Lo tienen muy bien guardado.

            —Sí, pero tú conoces muy bien como funciona la Audiencia, para eso has sido su presidente durante un montón de años, y tendrás alguna manera…

            —Vale, vale. Lo volveré a intentar.

Conocer el veredicto de los jueces se había convertido en una misión casi imposible. Los tres magistrados de la Sala que tuvo la osadía de sentar en el banquillo de los acusados al carismático alcalde de Burgos habían tomado todas las medidas preventivas del mundo para evitar la más mínima filtración.

La sentencia, de 126 páginas, fue pasada al ordenador por Azucena, una de las funcionarias que más garantías de discreción ofrecía. Cada día, y así durante casi tres  semanas, el ponente, el magistrado Ibáñez de Aldecoa, cogía el disquete del ordenador y se lo llevaba a casa.

Cuando la sentencia más esperada de la historia judicial de Burgos estaba ya tomada, los tres magistrados y el secretario de la Sala se fueron juntos —no se fiaban  de nadie— a la papelería-librería Amábar de la calle San Pablo y allí, con el operario que controlaba la fotocopiadora, se hicieron unos cuarenta juegos de copias. Para las partes, la prensa y la propia Audiencia.

Jueves , 7 de mayo de 1992. 9.00 de la mañana.

— ¿Juan José Laborda?

—Sí. Dígame.

—Soy Antonio Nabal. Los servicios de información se han equivocado de cabo

~.         La sentencia es condenatoria.

~—¿Estás completamente seguro?

—Absolutamente

Prácticamente a la misma hora, el alcalde José María Peña recibe en su despacho del  Ayuntamiento una llamada desde Madrid informándole de su condena de inhabilitación. Peña se queda hundido, abatido y casi sin reacción. No se lo podía creer. Minutos después comienza una actividad febril y se lo comunica al resto de compañeros de banquillo.

El constructor Juan Renedo —principal promotor de la denuncia y enemigo declarado de Méndez Pozo—, antes de acudir a la Audiencia para asistir a la lectura publica del fallo, queda en el Ojeda con Emilio Martínez, uno de los letrados de la acusación. Desayunan —eran las 10 de la mañana— una docena de ostras con cava. Las celebraciones prosiguieron durante la noche.

 

CONDENAMOS A….

11:00  horas. Audiencia Provincial de Burgos. Entre el numeroso público, integrado mayoritariamente por curiosos y periodistas, sólo está presente uno de los acusados José Carracedo.

            El Magistrado Ramón Ibáñez de Aldecoa Lorente procede a la lectura del fallo:

            “Condenamos a JOSE MARIA PEÑA SAN MARTIN, JOSE MARIA CODON

HERRERA, MANUEL MUÑOZ GUILLEN Y VICTOR MARTINEZ LLORENTE como o autores criminalmente responsables de un delito continuado de prevaricación…, a la pena de doce años de inhabilitación especial para cargo público para cada uno de los tres primeros, y a la pena de siete años de inhabilitación especial para el último de los citados. A ANTONIO MIGUEL MENDEZ POZO, como autor por inducción del mismo delito…, a la pena de doce años de inhabilitación especial para cargo público, y a ESTEBAN CORRAL GARCIA, como cómplice del mismo delito…, a la pena de seis años y un día de inhabilitación especial para cargo público.

 

            Condenamos a JOSE MARIA PEÑA SAN MARTIN, JOSE MARIA CODON

HERRERA, MANUEL MUÑOZ GUILLEN Y ESTEBAN CORRAL GARCIA, como autores criminalmente responsables de un delito continuado de revelación de secretos, a la pena de seis años de suspensión de cargo público.

 

            Condenamos a ANTONIO MIGUEL MENDEZ POZO, como autor criminalmente responsable de un delito continuado de falsedad en documentos públicos y privados…, a la pena de seis años de prisión menor y trescientas mil pesetas de multa.

 

            Condenamos a ANTONIO MIGUEL MENDEZ POZO, como autor criminalmente responsable de un delito de falsedad en documento público…, a la pena de un año de prisión menor y cien mil pesetas de multa.

 

            Condenamos a JOSE MARIA PEÑA SAN MARTIN, como autor criminalmente responsable de un delito de denegación de auxilio a la justicia…, a la pena de un año de suspensión de cargo público y treinta mil pesetas de multa.

            Condenamos a ANTONIO MIGUEL MENDEZ POZO, como autor criminalmente responsable de un delito de desacato…, a la pena de tres meses de arresto mayor”

 

            En el fallo de la Audiencia Provincial también se acuerda la nulidad de numerosas licencias de obras concedidas por el Ayuntamiento a Méndez Pozo entre 1984 y 1988 y de otras resoluciones municipales de carácter urbanístico. La decisión judicial crea inquietud entre los 20.000 vecinos de los pisos comprados a las inmobiliarias de Méndez Pozo.

 

condena caso construccion

 

            La sentencia declara como hechos probados que “desde el año 1979 fue surgiendo entre los señores Peña y Codón, y también a
partir de 1982 entre estos y el Sr. Muñoz Guillén, una cierta amistad apoyada en sus compartidas ideas políticas, la cual se fue extendiendo hacia el Sr. Méndez Pozo no en forma de íntima amistad directa (al menos no se ha acreditado), sino inmersa en una evidente receptividad hacia sus propuestas y proyectos en materia de obras y urbanismo, que se materializaba en la puesta de su poder político al servicio de los intereses del Sr. Méndez Pozo, valiéndose para ello de la mayoría municipal y de la ascendencia que, al menos en materia de obras y urbanismo, ejercían sobre el resto de los concejales de su grupo político, no sólo contra el criterio de las minorías representadas en el Ayuntamiento, sino también contra el de los propios técnicos municipales que, con el tiempo, ante la evidencia de que los conflictivos proyectos y propuestas del Sr. Méndez Pozo siempre terminaban siendo aprobados o aceptados por la Corporación, cuando no consentidas las irregularidades que ellos ponían de relieve en sus informes, terminaron imponiéndole el apelativo de El Jefe originado también por su continua presencia en las dependencias municipales…

            Con el transcurso de los años —sigue la sentencia— el Sr. Méndez Pozo, gracias a la confianza mutua entre él y Peña, llegó a adquirir incluso un gran protagonismo político, pues en el año 1987 estuvo presente y tuvo intervención activa en varios almuerzos y reuniones en las que se trataron las diferencias que en aquellas fechas enfrentaban a las distintas opciones de la derecha política burgalesa, asumiendo en ellas el papel de mediador, a pesar de que acudía a instancias del Sr. Peña, lo que no le impidió llegar a adquirir confianza con el entonces presidente de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, José María Aznar López, quien estuvo presente también en alguna de dichas reuniones, llegando a encargar al Sr. Méndez Pozo un trabajo sobre la construcción en el ámbito de la comunidad de Castilla y León.

            En septiembre de 1984 el secretario general —Esteban Corral— convocó una reunión con los técnicos y letrados —del Ayuntamiento— en la que se les conminó a que que emitiesen sus informes sin contrariar los criterios de la mayoría municipal, con la advertencia literal de que en caso de que no lo hicieran les pasaría por encima la apisonadora, con lo que consiguió introducir en el ánimo de algunos de los referidos funcionarios un cierto temor respecto de su situación laboral, que les indujo a no ser demasiado contundentes en sus informes en cuanto a los aspectos negativos de los mismos, al menos también en los expedientes del Sr. Méndez Pozo…

            El señor Méndez Pozo, aprovechando la confusión que produjo en Burgos la aprobación inicial del Plan General de Ordenación Urbana, comenzó un proceso de negociaciones con distintos propietarios de terrenos de suelo urbano, al tiempo que presentaba, siempre en nombre de éstos, una serie de propuestas al Ayuntamiento, una vez concluido el periodo de información pública, tendentes en todos los casos obtener una notable mejora de los aprovechamientos, propuestas que el CASDU —Consejo de Urbanismo— dominado por los señores Codón, Peña y Muñoz Guillen, sin consultarlas con el equipo redactor, terminaban aceptando, ajustándolas siempre a los intereses expresados en ellas por el señor Méndez Pozo, que acudía con asiduidad al Servicio de Urbanismo a defenderlas ante los técnicos y a presentar planos y bocetos, en algunas ocasiones para presentarlos sin pasar por el registro y afirmando que las cuestiones que ellos planteaban estaban ya habladas con Codón y/o Muñoz Guillén. Y no sólo eso, sino que además el Sr. Méndez Pozo, valiéndose de solicitudes de información urbanística, consiguió, gracias al apoyo     todas sus peticiones obtenían de los señores Peña, Codón y Muñoz, enterarse antes que nadie de los acuerdos que iba adoptando el CASDU respecto a los terrenos por los que mostraba interés.

 

            La citada inmobiliaria no respetó los términos de la licencia de las Siervas, pues convirtió en habitables las dependencias que para trasteros habían sido autorizadas en la segunda planta mansarda.

El proyecto había sido elaborado sobre la base de un plano que fue remitido por el equipo Delta Sur, redactor de la revisión y adaptación del Plan, como consecuencia de haber solicitado el alcalde al citado equipo, y a instancias de Méndez Pozo, un avance de las determinaciones del Plan Especial del Centro Histórico para la ordenación de la manzana en,.que se ubicaba el colegio de los Hermanos Maristas…”

 

 

EL IR y VENIR POR EL DESPACHO DE PEÑA

 

            Las emisoras de radio, de forma inmediata, ofrecieron la noticia que hizo saltar por los aires otras informaciones del día. Los periodistas salieron corriendo hacia el Ayuntamiento. Era necesario obtener unas declaraciones, la reacción del polémico Peña.

            La sentencia le impidió al concejal Miguel Vallecillo seguir adelante con la fiesta que estaba preparando —con cohetes y cava— para celebrar el final de la pesadilla. José María Peña hizo sus primeras declaraciones:

            “La sentencia es un bodrio, es absolutamente aberrante. A mí la dimisión no me la van a pedir ni el PSOE ni los juzgados. La sentencia recoge la tesis del fiscal a pesar de que en sus conclusiones no encontró materia delictiva. Lo que me produce realmente tristeza es que a las personas decentes se las intente meter en la cárcel y, sin embargo, la panda de sinvergüenzas que anda por ahí está cada día más suelta. El Partido Popular me apoya porque no puede ni debe hacer otra cosa…”

            Por el despacho del alcalde comenzaron a pasar sus más allegados, entre ellos algunos de sus fieles concejales, que intentaron calmar a un José María Peña que no podía contener sus lágrimas.

            Las emisoras de radio emitieron programas especiales sobre la sentencia y sus posibles consecuencias. Los grupos de la oposición, PSOE e IU, fundamentalmente insistieron en que Peña debía dimitir y trasladaron la responsabilidad política del caso al tejado de José María Aznar, recién llegado de una gira europea.

            Esa misma tarde, el alcalde se reunió con su equipo de gobierno y todos, sin excepciones, le expresaron su más ferviente solidaridad e incluso le animaron a seguir en el cargo y a que no presentara la dimisión.

            La comisión de gobierno —integrada por el alcalde y ocho concejales— emitió un comunicado de prensa en el que se expresaba “un profundo sentimiento de indignación” y reiteró que Peña “es inocente y posee una absoluta integridad personal”

            Juan Renedo acudió al cementerio municipal a rezar por su hermana Bola. Después, sus compañeros letrados depositaron en su tumba una copia de la sentencia.

Era un pequeño homenaje a la que consideraban como autentica impulsora de la denuncia, fallecida en un fatal accidente de tráfico en pleno proceso judicial. Una ampliación del fallo a tamaño gigante fue colocada en alguno de los bares más frecuentados por la progresía. En la sede del PSOE las botellas de cava se terminaron en pocos minutos. Algunos destacados políticos no supieron contener su alegría.

Fue el caso de Octavio Granado, que terminó algo más que chispa. Los letrados de la acusación, denunciantes y amigos recorrieron numerosos establecimientos hosteleros, y después de cenar por todo lo alto, acabaron, muy de madrugada en el bar Mármedi de la calle de La Puebla. En muchas calles del centro aparecieron pintadas contra el presidente del tribunal Juan Sancho. En otras, equiparaban al PP y PSOE. En la mayoría se expresaba el apoyo de los anónimos pintamuros a José María Peña.

 

AZNAR APOYA A PEÑA

 

Viernes, 8 de mayo. José María Aznar se reúne por la mañana con el secretario general del PP, Francisco Alvarez Cascos, el secretario de organización, Mariano Rajoy, y el presidente de los populares en Burgos, Juan Carlos Aparicio. Aznar pretende tomar decisiones sobre el caso de Burgos. Incluso por la tarde llegó a consultar telefónicamente con el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan José Lucas.

            José María Peña acude a su despacho a primera hora de la mañana —como de costumbre— donde recibe la llamada de Aznar.

            —Dejo en tus manos la opción de dimitir. El Partido Popular no te retirará la confianza hasta que el Tribunal Supremo emita una sentencia definitiva.

            La muestra de apoyo del presidente nacional de los populares, según versión de algunos de sus más estrechos colaboradores, estuvo motivada en que se consideraba el caso de la construcción como un proceso político. Además, el PP se encontraba, en opinión de sus responsables, preso de la voluntad del alcalde de Burgos, puesto que Peña no era militante y no se le podía expulsar del partido.

            Esta primera reacción de Aznar le da más ánimos a un José María Peña que comienza a recibir gestos de solidaridad, entre ellos el del presidente de la Diputación y secretario provincial del PP, Vicente Orden, que le anima a mantenerse a :oda costa en el cargo y a no cejar en el empeño hasta que el Tribunal Supremo  sentencia definitiva.

            El alcalde, esa misma tarde, como si a uno le condenasen todos los días y fuera un trago absolutamente normal y asumido por los ciudadanos, preside en la calle de Vitoria la entrega de trofeos de la Vuelta Ciclista a España, cuyo final de etapa gana Johan Bruyneel —del equipo ONCE—

            Con lo empujones e intentos de agresión a algunos medios de comunicación por parte de los educados mataespaldas de Peña, éste asegura en la misma línea de meta  que el Gobierno español está basado en “pigmeos, títeres y envidiosos”. Mientras Peña habla, un sector del público le abuchea.    

El fin de semana es largo. Se suceden los encuentros entre personas de la máxi- confianza del alcalde. En todos el denominador común es la tristeza, los lloros y los llantos, en ocasiones casi incontrolables. Peña recibe en su domicilio la visita empresario jerezano José María Ruiz Mateos, que le da ánimos para resistir y le pide que no tire la toalla.

El presidente de la Junta, Juan José Lucas, asegura, refiriéndose a la sentencia del caso de la construcción, que el objetivo no es Peña, sino José María Aznar.

            El propio presidente nacional de los populares expresa su preocupación porque sólo se juzgue y condene a algunos. Sin embargo, la postura de Aznar no es asumida por muchos de sus compañeros de partido. No sólo le arrecian los golpes desde el PSOE y otros grupos políticos. Dentro de su propia casa las declaraciones comienzan a provocar auténticos terremotos políticos.

            Así, por ejemplo, Luis Ramallo —el siempre incómodo Ramallo— declara que si Peña no dimitía, la única salida era retirarle la confianza. “La lucha contra la corrupción y por la moralización hay que llevarla a término empezando por la propia casa”, afirmó el político.

            Isabel Tocino apela a la responsabilidad política de los cargos públicos y añade que “no hace falta recordar a los demócratas cuáles son sus deberes”.

            Herrero de Miñón, —el traicionado por Aznar— advierte: “el respaldo a un delincuente convicto no beneficia precisamente la credibilidad del Partido Popular como alternativa”.

 AZNAR RECTIFICA

             Todas estas manifestaciones llevaron a un dubitativo Aznar a volver a consultar con algunos de sus más estrechos colaboradores, y deciden cambiar de táctica y llamar a Peña para pedirle que se marche por el bien de Burgos, de España, de los españoles y, sobre todo, del Partido Popular.

            En esos momentos el vínculo de comunicación entre el incómodo alcalde de Burgos y el PP se realizaba a través de Juan Carlos Aparicio, presidente provincial del Partido Popular —que se reunió en numerosas ocasiones con Peña— y el secretario provincial, Vicente Orden, quien, según algunos compañeros de su partido, empezó apoyando la continuidad del alcalde y al final quiso ser el inquilino de la Casa Consistorial, ambición que no fue permitida por los órganos nacionales del partido.

 

        peña1    Lunes, 11 de mayo. 17.00 horas. Génova, 13. Peña llega en un Audi conducido por uno de sus guardaespaldas a la sede del PP en Madrid, convocado personalmente por Aznar, el mismo Aznar que por la mañana fue recibido en audiencia por el Rey para mantener una entrevista dentro de los contactos que don Juan Carlos celebra habitualmente con los líderes políticos.

            La reunión entre los dos José Marías duró exactamente dos horas y diez minutos. Tiempo suficiente para argumentar al alcalde burgalés —no sin antes solidarizarse con su dolor y mencionar la injusticia a la que estaba siendo sometido— que era necesario dimitir, por el bien de Burgos y de la derecha burgalesa.

            Peña se siente presionado, incluso acorralado, no sabe que hacer, se defiende, se cree inocente y perseguido. Pero la presión es fuerte y le advierten que es necesaria  su cabeza. El Partido Popular no puede seguir apoyando el gobierno  del ayuntamiento de Burgos en esas circunstancias.

            El alcalde burgalés no se pronuncia no dice que sí, ni que no. Su respuesta deberá esperar a una reunión con su grupo de gobierno No obstante deja entrever que dimitirá si se garantiza la gobernabilidad del Ayuntamiento la designación de sucesor y, sobre todo, se evita que la corporación caiga en manos socialistas. Son sus tres exigencias aceptadas sin discusión por los dirigentes Populares.

 

 Una vez finalizada la reunión, el Partido Popular hace pública una nota de prensa eran tiempos muy dados a las notas de prensa y a no dar explicaciones públicas en la que se aseguraba que el presidente nacional del PP, José María Aznar,  había pedido al regidor burgalés “un paréntesis en su actividad para dar paso a un  nuevo alcalde hasta que se sustancie definitivamente el Procedimiento judicial El PP vuelve a insistir en la Politización de este proceso, “envuelto en unas circunstancias políticas muy concretas’~ y se valora “la innegable dedicación de José María Peña al trabajo por su ciudad”.

 

            Peña, por la noche, declaró a Diario de Burgos. “Estoy dispuesto a irme, pues mi  persona no es lo más importante pero lo haré cuando se den unas condiciones consistentes en garantizar que el Ayuntamiento funcione, que el grupo de concejales se acomode a la nueva situación y que no se dañe a Burgos ni al PP. Me marcharé, aunque en contra de la voluntad Popular que expresó otra cosa en las urnas”.

 

            El alcalde, de nuevo en la capital burgalesa se reúne con su equipo de gobierno para analizar la situación y exponer la petición realizada por el Partido Popular.  Aznar dio instrucciones concretas para que desde el partido no se acorralara al herido Peña. Había que dejarle tiempo y, sobre todo, las manos completamente libres, con el objeto de que liderara su propia sustitución su propia muerte política

 

            A lo largo de la mañana del día 12 Peña se incorporó a su despacho pasadas  las 9.00h se reunió con Martínez Abascal, Francisco Javier Quintanilla Miguel Vallecillo y Mariano Hervás, todos hombres de su máxima confianza Estas reuniones eran patéticas Todos opinaban lo mismo: nos vamos todos o nos quedamos todos.

 

Miguel Vallecillo llegó a declarar que si hubo errores en la gestión municipal, se sentía corresponsable “porque serían de todo el equipo de gobierno que las  apoyó”

 

peña2Pasadas las 10 de la mañana, el alcalde, acompañado del concejal también  Martínez Llorente y del letrado municipal Santiago Dalmau, acude a Audiencia Provincial para firmar la notificación de la sentencia Posteriormente María Peña comunica a Vicente Orden quien en múltiples ocasiones lloró al alcalde y le insistió para que no abandonara el cargo su firme decisión dimitir. Este transmitió inmediatamente el mensaje a José María Aznar.

Por la tarde, José María Peña se dirige al Ayuntamiento para reunirse con los concejales que están en la comisión de gobiern0 Cerca de un centenar de personas le aclama y, al mismo tiempo, insultan a los periodistas, llegando a agredir  a un equipo de Antena 3 TV. Este incidente provocó la protesta pública de la Asociación de la Prensa de Burgos, que exigió ante el Gobierno Civil que se protegiera adecuadamente a los periodistas.

            Ante el follón que se monta y por la incómoda presencia de los informadores—a los políticos nunca les gusta que la prensa se interese por la cosa pública  ,el alcalde cambia el lugar de la reunión y se van al domicilio del concejal German Pérez Ojeda, para valorar la oportunidad de dimitir. Sin embargo, los fieles peñistas insisten en lo contrario: “O nos vamos todos de aquí o no se va nadie”.

            Las reuniones se suceden y al día siguiente se vuelven a juntar todos los corporativos del grupo popular:

            —Yo hago lo que vosotros me digáis. Si queréis que dimita, decídmelo.

—No dimitas. Tienes que continuar en el cargo.

—No. yo debo marcharme; he dado mi palabra a Aznar y la tengo que cumplir

—Yo llegué al Ayuntamiento contigo y saldré de él contigo.

            —Joder, Hervás, así no hay manera. ¿Cómo te vas a marchar y dejar tirados resto?

            —Yo digo exactamente lo mismo que Mariano.

            —Esto así es la leche, Abascal. Tenéis que colaborar todos, hacerlo por Burgos, por los burgaleses.

            —Mira a ti cómo te está tratando el pueblo de Burgos, que pago te está dando

—Yo insisto. O nos vamos todos o nos quedamos todos.

            —No comparto ese criterio, porque sólo me debo a la disciplina del Partido Popular.

            Estas últimas palabras de José Sagredo caen como un jarro de agua fría e inmediatamente Javier Pardilla apostilla:

            —Lo que decida el grupo a mí me parece bien.

            —La verdad es que me siento traicionado. Yo no merezco esto; después de

que he luchado por Burgos, salir por la puerta de atrás. Esto es una puñalada por espalda.

            —Lo que tienes que hacer es seguir en el cargo; no te marches hasta la sentencia del Tribunal Supremo.

            —Gracias, pero no. Debéis permanecer todos unidos y seguir gobernando en m ausencia el Ayuntamiento.

            El llanto y los lloros se extienden a personas como Vicente Orden, Mariano Hervás, Miguel Vallecillo y un largo etcétera…

            De esta reunión sale una nota de prensa en la que se asegura que se van a tomar en consideración las recomendaciones efectuadas por el presidente nacional del PP, relativas al posible relevo en la alcaldía de Burgos, que, en su caso, serán atendidas cuando los intereses de la ciudad así lo aconsejen y se garantice la gobernabilidad del Ayuntamiento.

            Ese mismo día, José María Peña fue condenado a dos días de arresto por agredir a un turista en la Plaza Mayor.

 

POR FIN DECIDE DIMITIR

 

            El jueves, 14, José María Peña San Martín, a primera hora de la mañana, llama por teléfono a José María Aznar y a Francisco Alvarez Cascos y les comunica su decisión de dimitir:

—Te lo agradezco enormemente. Sé el sacrificio personal y el esfuerzo que esta decisión supone para ti, y en su momento te prometo que lo sabré valorar adecuadamente.

Minutos después, el alcalde se reúne nuevamente con sus concejales y en un tenso ambiente, cargado de dolor y sentimentalismo, se deja claro que la dimisión ya es inevitable. Es una decisión tomada. Sus concejales más próximos no se lo pueden creer, insisten en que no:

            —Todos o nadie, tú no puedes irte.

            —El que más lo siente soy yo, pero no hay otra manera —dice entre lágrimas Peña

 

            —No puedes irte. Es el pueblo el que te eligió. Debes quedarte.

—Me siento traicionado. Yo lo he dado todo por Burgos y mira ahora el pago que recibo.

—Los burgaleses quieren que te quedes.

—No, la decisión ya está tomada…

            Pocos minutos antes de las tres de la tarde, desde el Ayuntamiento se remite a Génova, 13, la carta de despedida del alcalde. Un texto que poco después comienzan a escupir las emisoras de radio:

            “Esta decisión la tomo con plena conciencia de que no es lo que la voluntad de los burgaleses desea, pero con un sentido de la responsabilidad y del cumplimiento de  la palabra dada a José María Aznar, por el bien del PP, por la gobemabilidad de la institución municipal, y sobre todo y como siempre por amor a Burgos y a sus gentes y en aras de garantizar la serenidad y concordias ciudadanas.

Me ha sido necesario pedir y convencer vehementemente a todos los concejales que integran la actual mayoría municipal… Después de más de 25 años de apasionada entrega a los intereses de Burgos y de sus gentes, abro este paréntesis en mi. vida con la conciencia absolutamente tranquila, sabiendo que siempre he cumplido con mi deber y que no ha existido ninguna frontera temporal en mi trabajo.

Circunstancias adversas creadas y movidas por poderosísimas fuerzas han llevado a la situación actual, pero estoy seguro de que todo, algún día, se esclarecerá definitivamente y volverán las aguas a su cauce

 

Dejo mi puesto tan ligero de equipaje material como cuando tomé posesión hace 13 años, único bagaje que realmente tiene valor para mí”

 

            Las negociaciones y reuniones se multiplican para encontrar un sucesor. Francisco Javier Quintanilla se niega. Se le presiona, pero no cede. Miguel Ángel Ortiz, concejal del Grupo Popular, intenta convencerle y no lo consigue. Junto a él, otros dirigentes populares le insisten. La respuesta es taxativamente negativa: “circunstancias personales, profesionales y familiares” se lo impiden.

 

            Peña empieza a barajar la idea de Valentín Niño, su gran amigo, que se encontraba de excursión de negocios por México. Se trata de un hombre fiel, moldeable, con fama de dialogante y sin experiencia política. Para Peña, el candidato ideal…

            Alvarez Cascos, el 15 de mayo, de paso hacia Cantabria —donde también cocían las habas para los chicos populares— hizo un alto en Burgos y se reunió con el alcalde y los dirigentes provinciales de su partido. El objetivo era seguir avanzando en el cambio del cambio, y estudiar cómo se estaba produciendo la sucesión. Eran muy pocos los que conocían en profundidad el desarrollo real de los acontecimientos.

            José María Peña tenía las manos libres, y el PP no le quería presionar. Le dejaban hacer, temían que la fiera herida se revolviera y pudiera cornear a un temeroso Aznar.

 

EL ELEFANTE BLANCO

 

            Javier Pardilla entabla contacto —de forma un tanto casual; se encontraron en la Avenida Sanjurjo— con Jesús de las Heras, uno de los acusadores en el juicio de la construcción. Juntos se dirigen a la cafetería Villa Pilar, donde hablan de la búsqueda de un alcalde de consenso:

            —Sería necesario encontrar una persona que fuera admitida por todos los grupos políticos para empezar a conseguir la normalidad ciudadana y eliminar la tensión existente.

            —Bueno, pero tú podrías realizar labores de intermediario y trasladar esta propuesta al Partido Socialista. Se lo podrías contar a Laborda para ver que posibilidades hay.

            —A Laborda ni hablar. Con ese no saldría nada bien. Se lo plantearé a Julián

Simón de la Torre, que es más normal y dialogante.

            Pardilla y De las Heras quedaron días más tarde en la Cafetería del Hotel María Luisa, en la Avenida del Cid, para trasladarse juntos hasta Miranda de Ebro, donde les esperaban el secretario provincial de los socialistas burgaleses, Julián Simón, con José María del Olmo.

 

El concejal del PP, que según algunas versiones aspiraba ser ese futuro alcalde consensuado, se lo pensó, meditó y… se le encendió una lucecita y acudió a consultar con Juan Carlos Aparicio —el jefe del PP de Burgos—, quien de forma enérgica le ordenó romper todo contacto. Esa no era la vía…

 

APOYOS POPULARES

 

       miche1     Cerca de trescientos trabajadores de Méndez Pozo —de sus empresas inmobiliarias y algunos de Diario de Burgos— se concentraron frente a la sede de las oficinas de inmobiliaria Río Vena como muestra de solidaridad.

            Míchel, El Jefe, como le bautizaron los magistrados en la sentencia, salió cogido del brazo de su madre y visiblemente emocionado se dirigió a sus trabajadores y volvió a proclamar su inocencia. Les pidió que siguieran esforzándose en su labor diaria. Pocos minutos después, siempre del brazo de su madre, se encaminó a su domicilio en la Avenida de los Reyes Católicos, seguido de los fieles empleados que portaban pancartas en las que podía leerse: “Míchel, estamos contigo”. “De cárcel, nada. Te necesitamos”.

Paralelamente, el presidente de la Junta, Juan José Lucas, declaraba en Soria en referencia a la sentencia del caso de la construcción— que la artillería pesada del  Estado se había puesto en marcha contra José María Aznar.

Mientras tanto, Peña no cejaba en su intento de ser siempre un hombre moderado, y, en pleno proceso de dimisión, envió al Gobierno Civil un requerimiento para que la Policía Nacional abandonase el Palacio de la Isla, de propiedad municipal donde estaban de prestado desde que el 17 de agosto de 1990 un atentado de destruyera la comisaría.

La carrera de la sucesión continuaba. Valentín Niño, regresado de México, antes de volver de nuevo a ese país se reunió en varias ocasiones con su amigo Peña en el Ayuntamiento, en su domicilio, y en lugares diversos— y con los responsables del Partido Popular para negociar su fichaje para la alcaldía. Se daba, además la paradoja de que la situación de Niño en la empresa donde trabajaba no muy cómoda, lo que facilitaba enormemente la operación.

Además, según reconocieron algunos dirigentes populares, Antonio Miguel Mendez  Pozo y José María Yartu, este último presidente de la Cámara de Comercio—considerados como verdaderos poderes fácticos— no vieron con malos ojos la designación de Valentín Niño.

Cerca de cinco mil personas —los organizadores dijeron que muchas más— se concentraron el viernes, 22 de mayo, en la Plaza Mayor para rendir homenaje al rey Peña. Eran gentes de Burgos, procedentes en su mayoría de Bilbao, Madrid y Baracaldo, que viajaron en autobuses para la ocasión.

 peña3           Dados los reiterados intentos de agresión a la prensa, el gobernador puso un policía —grandísimo— a cada periodista que estaba en la Plaza Mayor. Allí, Peña, rodeado de su familia y concejales y envuelto en la bandera de Burgos, leyó su testamento político:

 

            “Burgaleses; amigos. Sabéis lo difícil que este momento es para mí. Pero no por ello voy a dejar de manifestaros mi gratitud y mi formal promesa de que siempre Burgos y sus gentes ocuparán un lugar preferente en mi corazón

            Nada ni nadie podrá cambiar mi orgullo, mi gratitud, por haber sido durante trece años, y por vuestra voluntad, alcalde de la Cabeza de Castilla. Mi única riqueza es vuestro afecto y cariño, y por ello me siento el más rico de los hombres y confío en que algún día todo quede claro…

            Un ruego final: que sigáis apoyando al equipo de gobierno municipal como a mí me habéis apoyado siempre.

            Por Burgos, hasta siempre, con el más fuerte de los abrazos” Peña se retiró y entró en la Casa Consistorial, mientras los concentrados jaleaban su nombre. Dentro, se fundió en abrazos. Sus familiares le sujetaban. Los amigos lloraban junto a él. Se decidió por fin a bajar a la calle, donde dio la mano a sus conciudadanos y cogió niños entre sus brazos, mientras las lágrimas caían por su rostro.

            Se despidió del pueblo, de su pueblo…

 NIÑO, EN LA ALCALDIA

 

            Todo el mundo sabía que Niño sería el próximo alcalde, pero a los concejales del Grupo Popular no se les decía nada. Esta situación estaba creando cierto malestar, hasta el punto de que el 2 de junio se celebró una reunión de los concejales peñistas integrados en el Grupo Popular, pero sin el carné del partido, sin la presencia ni conocimiento de sus compañeros del PP, a los que consideraban unos traidores. El mensaje fue claro: “En el Ayuntamiento seguiremos mandando nosotros, y los del Partido Popular que gobiernen en la Diputación”

         niño1   Esta reunión coincidió con un nuevo juicio contra Peña, sentado de nuevo en el banquillo. Se le acusaba de haber amenazado e insultado —cabrones e hijos de puta dicen que les llamó— a los acusadores Juan Renedo y Jesús de las Heras.

            El miércoles, 3 de junio, el pleno del Ayuntamiento aprobó por unanimidad la dimisión de José María Peña. El ex alcalde había presentado su renuncia en el registro municipal el 25 de mayo, el mismo día que Javier Quintanilla —el que nunca quiso ser alcalde— asumió la alcaldía de forma accidental. Con Peña dejaron el Ayuntamiento Manuel Muñoz Guillén y Víctor Martínez Llorente, también condenados en el caso de la construcción, y Mariano Hervás Lara y, días más tarde, Francisco Martínez Abascal, estos últimos en solidaridad con el alcalde.

            Peña volvió a hacer pública una nota de despedida:

            “Queridos burgaleses: El pasado día 3 bajé por última vez los escalones de la Casa Consistorial, cuyo gobierno he ejercido durante trece largos años, tratando de servir con el mayor entusiasmo y la más absoluta entrega los intereses de Burgos y el bienestar de sus ciudadanos.

 

Es difícil conjeturar si he acertado o no en mi cometido, pues sólo los años enseñar cosas que los días no saben nunca, pero tened la seguridad de que no hará balance de mi gestión, ya que sus resultados, fundamentalmente positivos según el sentir general, no son fruto de mi actuación exclusiva sino del compendio de muchas y muy variadas colaboraciones, entre las que quiero resaltar, por ser de justicia reconocerlo, las de mis compañeros de gobierno municipal, funcionarios y Alcaldes de barrio, cuya cooperación y ayuda nunca podré agradecer bastante. Esta nominación concreta no quiere decir que olvide a ninguno de los burgaleses que, tanto individualmente como a través de las distintas asociaciones de las que forman parte  han sido siempre leales a mi persona y fieles a mi programa, demostrándome siempre su adhesión y de forma especial en los difíciles momentos que me ha tocado vivir últimamente.

Si de algo puedo estar orgulloso es de saber que ha valido la pena luchar y esforzarme por ello e, incluso, ¿por qué no decirlo?, por quienes —burgaleses también al fin y al cabo— hicieron frente común contra mí, pues si de sobra es sabido que gobernar significa descontentar, no voy a caer ahora en la ingenuidad de creer que mi paso por el Ayuntamiento ha despertado la unanimidad y el consenso de la ciudadanía en cuya diversidad radica, quizás, la grandeza y el futuro de los pueblos.

Con este espíritu de concordia y proclamando una vez más mi inocencia, que espero ver confirmada algún día por el Tribunal Supremo, abandoné la Casa Consistorial con lágrimas en los ojos, pero con la frente bien alta. No tengo nada que ocultar ni nada que llevarme bajo el brazo, sino el honor que mantengo como el mas preciado bien y que vale más para mí que la fama y todo el dinero del mundo.

Poco puedo ofrecer ya a los burgaleses al dejar la Alcaldía, sino mi amistad y afecto para aquellos que deseen recibirlos. Quiero, eso sí, que sepáis que seguiré viviendo y alentando por esta Ciudad cuyo bienestar procuré siempre, aun a costa de resultar inmerecidamente sacrificado.

Pido  a Dios, pese a ello, que mantenga viva mi fe y mi ilusión en Burgos para seguir siendo buen vasallo suyo y del señor que me suceda, al que deseo, junto con su equipo de gobierno, los mayores aciertos, y vuestra colaboración, desde luego.

Muchas gracias, burgaleses, por vuestras múltiples cartas, llamadas telefónicas y muestras de afecto, y recibid un fuerte abrazo de José María Peña San Martín”.

Peña comentó a uno de sus más estrechos colaboradores: “siento dejar el Ayuntamiento de esta manera. Me han traicionado y no merezco esto después de lo que he dado por Burgos; pero ahora, por fin, voy a ganar dinero de verdad…”

niño2E1 18 de junio se celebró el pleno en el que Valentín Niño es elegido alcalde. Una hora antes de esta sesión se reunió todo el Grupo Popular. En ese momento se comunicó oficialmente lo que medio mundo ya sabía, que Niño sería el futuro regidor municipal, y se hizo renunciar expresamente a la posibilidad de ser alcalde a los concejales que estaban delante de él en la lista que ganó las elecciones municipales.

 

            Valentín Niño:

             “Compañeros de corporación: representáis al pueblo de Burgos y por vuestro medio deseo llevar, trasladar a todos ¡digo a todos! los ciudadanos un sencillo y sincero mensaje que sale de lo más profundo de mi ser; la emoción del momento, consciente de su responsabilidad de futuro.

            En primer lugar, manifestar fidelidad y admiración por la persona que me precedió , y por las que le, y nos, acompañaron y hoy no están aquí. Ciertamente, con objetividad, su ejemplo de entrega, eficacia y honestidad será faro y atalaya de actuación y comportamiento.

            Siento que algo esencial flota y falta en este salón; lo siento con pena y coraje. Dios nos pedirá a todos cuentas: la ética de nuestra actuación, la justicia humana, es temporal y variable.

 

            Quiero ser el alcalde de todos los burgaleses y ello implica trabajar sinceramente unidos.

            Os ofrezco voluntad de entendimiento, servicio a la realidad de Burgos, de un solo Burgos.

            Mejora de la calidad de vida, una progresiva y activa acción social, aumento de dotaciones, aumento de servicios, potenciación de la Universidad incipiente, acceso a la cultura, a todos y para todos los burgaleses.

            Dejar un Burgos respetuoso con su historia, con una proyección objetiva y altruista para nuestros hijos y de las nuevas generaciones de burgaleses”.

* * * 

            Cristino Díez: “A Peña le engañaron José María Aznar y sus abogados. Todos le dijeron que dimitiera. Que era lo mejor para su defensa. Yo le dije que no hiciera caso. Incluso en una reunión con todos los concejales aseguré que de ahí no se movía ni Dios. Peña se fió mucho de su abogado Mourullo, demasiado… Peña ahora me da la razón, se siente traicionado.”

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