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CAPITULO 6

EL MEDIADOR

En el verano del 87 la derecha burgalesa se encontraba hecha trizas. El enfren­tamiento era total y los desacuerdos políticos se habían traducido en enemistades personales. Recomponer esa situación era una tarea ardua y difícil. Además, los intereses que defendía cada una de las partes en litigio, no sólo eran distintos, sino, en ocasiones, contrapuestos.

José Luis Montes, flamante presidente de la Diputación, a los pocos días de su toma de posesión comenzó a recibir numerosas presiones de diputados como Enri­que del Diego y José María Olmedo, ambos también concejales de Solución Inde­pendiente.

La tensión y el odio acumulado entre las dos facciones de la derecha burgalesa provocó que en algunos actos presididos por Montes se produjeran incidentes, en unas ocasiones desagradables y en otras graves.

En la celebración del día de la provincia, en la localidad de Caleruega, un grupo de personas intentó boicotear el discurso del recién estrenado presidente, aunque el incidente más grave y violento se produjo en las fiestas patronales de Los Balbases. Allí las hermanas Ibarreche, una de ellas esposa del concejal y diputado José María Olmedo, -de SI- se dirigieron a la mujer de José Luis Montes en estos términos: “Cómo puedes meterte en la cama con un viejo cerdo como tu marido”.

La consecuencia de tan amable y educada pregunta fue que la discusión subió de tono y, ante ello, Montes, al ver que la olla estaba a punto de explotar, y para l~vitar males mayores, decidió, sin más, marcharse. Sin embargo, cuando iba a salir, Junto a su mujer, se produjo un intento de agresión, lo que provocó que el presiden­Il’ de la Diputación agarrase una botella:

-Si alguien se atreve a tocar a mi mujer le parto la cabeza…

AZAR ENTRA EN SOCIEDAD

José María Aznar, en agosto de 1.987, siendo ya presidente de la Junta de Cas­111111 y León, llega a Burgos acompañado de José María Concejo, ilustre abogado del Estado y secretario del Consejo de Administración del Banco de Bilbao, que le presenta a su socio en negocios inmobiliarios, Antonio Miguel Méndez Pozo. Es la fecha en la que se cruzan, hasta ese momento, dos destinos distintos.

El trío decide comer y charlar en el restaurante conocido como la Venta de la, Petra, situado en la carretera de Soria. a 16 kilómetros de Burgos, lugar donde se ofrece una excelente cocina casera, nada cara. y unos sabrosísimos cangrejos de río.

     Pero.. ¿charlar de qué? Según declaró Méndez Pozo en el juicio. sólo hablaron de la situación del sector de la construcción en Castilla y León, hasta el punto de que Aznar le encargó un estudio sobre el tema, estudio que nunca ha llegado a aparecer.

Casualmente, poco después, en octubre. Aznar nombra a los delegados de la Junta en todas las provincias de Castilla y León. En Burgos, fruto del azar. ¡sin duda!, se designa a José Carracedo, el funcionario que más dinero gana del Ayun­tamiento y al que sus compañeros conocen como “el hombre de Méndez”.

Carracedo, además de tener excelentes relaciones con José María Peña, era sin duda también fruto de la casualidad, socio de Méndez Pozo en Inmobiliaria Espo­lón. Había sido, además, su profesor en la Escuela de Aparejadores.

Con este nombramiento. el ambicioso constructor tenía personas de su más absoluta confianza situadas en el Ayuntamiento y en la Delegación Territorial de la Junta: Sólo la Diputación estaba en manos ajenas.

Los intentos de Méndez por convertirse en el “salvador” de la derecha y conse­guir su lógica unidad y con ello, la ruptura del pacto de la Diputación, se multipli­can también fruto de la casualidad, desde que mantuvo aquella comida con el pre­sidente de la Junta.

Las llamadas a José Luis Montes y Vicente Mateos se hacen habituales. y todas con el mismo propósito: reconducir la situación y llegar a un acuerdo beneficioso para todos: “no es posible continuar con dos facciones enfrentadas”, argumentaba el constructor una y otra vez.

Pocos días después de aquella primera comida entre Méndez Pozo y Aznar López. Míchel llama por teléfono a Vicente Mateos. Ambos se conocieron por mediación de Pedro Martín Iglesias. que era socio de Méndez en una de sus inmo­biliarias y que hizo labores de intermediario:

-Oye, podríamos quedar para el próximo día 15 para ir a comer con Peña a San Vicente de la Barquera. A ver si solucionamos esto.

-Bueno, pero yo tengo que estar por la tarde en Briviesca, porque son las fies­tas patronales y me he comprometido con el alcalde. José María Martínez -el diputado que también voto contra la disciplina de grupo- a: estar como cirujano en la corrida de toros.

-No hay ningún problema. yo te llevo y te traigo antes de que comience la corrida.

Este día, por la mañana. Antonio Miguel Méndez Pozo recoge en su Mercedes Verde botella -todos los mercedes que ha tenido han sido siempre de ese color­- y amigablemente van hacia la localidad cántabra donde les espera el alcalde burga­les que se encuentra, como todos los años, de vacaciones en un pueblo cercano, Comillas…

Hay que solucionar lo del pacto de la Diputación como sea.

-No depende sólo de mí. Tienen que darse unas condiciones, como mantener a Montes en la presidencia. y. luego, que éste acepte y se fíe. Le habéis jodido mucho y está dolido.

-También vosotros nos habéis jodido a nosotros.

-Bueno, señores,  pero eso puede arreglarse, todo es cuestión de voluntad. Es importante dar una imagen de unidad en la derecha. No puede seguir dividida, hay que hacer un esfuerzo entre todos y buscar una solución. Es necesario que os pon­gáis de acuerdo.

Tras esa reunión. Vicente Mateos vino decidido a romper el pacto,según han relatado algunos de sus más estrechos colaboradores.

Méndez Pozo. El Jefe o Míchel, insiste, no se da por vencido -es un hombre tenaz y constante- y llama a la Diputación para hablar con José Luis Montes. Pero el presidente nunca está. Las llamadas se suceden y Montes -hombre anár­quico donde los haya en cuestión de horarios- sigue sin estar.

Pero el azar favorece a Míchel. Casualmente -algunas versiones apuntan a que estaba montando guardia- se encuentra con el presidente de la Diputación en los aledaños de la Plaza Virgen del Manzano, lugar frecuentado por José Luis Montes, que acudía con cierta asiduidad al bar Tendido 8. Era el mes de septiembre y era, además, la hora de comer.

-Te he llamado varias veces. ¿No te han dejado mis recados?

-Sí, pero es que no coincidíamos.

-Oye,  ya que estamos aquí, que te parece si comemos juntos.

Los dos, solos, sin la compañía de nadie, entran en El Manantial. Casualmente

-la historia de Míchel está llena de curiosas casualidades- pocos minutos des­pués aparecen también en el restaurante Mariano Villanueva y Juan Carlos Elorza, que, aprovechando la ocasión, se sientan en la misma mesa. Allí se vuelve a hablar de la necesidad de romper el pacto de la Diputación y de unir a la derecha dividida y desgajada. La comida la paga Méndez Pozo.

El 8 de octubre de 1.987 se celebra en el Hotel Condestable una reunión secreta -que logró ser descubierta por tres periodistas burgaleses-o organizada e impul­sada por el incansable constructor. que incluso llegó a citar personalmente a varios de los asistentes. Fue la mayor cumbre de la derecha de Burgos. Su finalidad, como siempre, intentar limar asperezas entre las dos facciones de la derecha. y. sobre lodo, buscar una solución que permitiese romper el maldito pacto de la Diputación.

A la cita, al filo de las 9 de la mañana, acuden José María Aznar, Tomás Cortés, José María Peña, José Luis Montes. José María Arribas y Vicente Mateos, además de una veintena más de personas. Méndez Pozo llega tarde y está callado. Aznar insiste, por activa y por pasiva, en que aquella situación es irracional, que había que dejar al margen las cuestiones personales y que es necesario realizar un esfuer­zo de generosidad que reconduzca una situación anómala.

La reunión finaliza al filo de las 11 de la mañana sin conclusiones concretas y, por consiguiente, sin acercamiento entre las partes. Aznar sale el primero acompa­r1ado de su incansable amigo Antonio Miguel Méndez Pozo. Sin hacer declaracio­nes a los periodistas que allí se encontraban -de Radio Cadena Española, Radio (‘astilla y TVE- los dos se meten en el coche oficial del presidente y se dirigen hacia el Diario de Burgos, donde se había concertado una entrevista, en la que no se hizo ni la más leve referencia a esta cumbre.

En esa entrevista todas las alusiones a la crisis de la derecha se refieren al hecho de que Juan José Lucas es, en ese instante, por designación de su jefe Aznar, el máximo responsable interino !el partido en Burgos. El presidente de la Junta y de AP en Castilla y León anuncia que el Congreso Provincial se celebrará en marzo y asegura: “lo que me gustaría es que alguno de los problemas que se han suscitado no hubieran surgido. Yo confío en una pronta reconstrucción del centro derecha en Burgos. Cuando esto se consiga yo digo: borrón y cuenta nueva”.

De la segunda planta del Hotel Condestable salen después Vicente Mateos, César Huidobro y José María Arribas, entre otros asistentes. Preguntados por el significado de la presencia de Méndez Pozo se responde:

-Nosotros no lo sabemos, pregúntenselo ustedes al Sr. Aznar, que seguro que

lo sabrá.

En ese instante, José María Peña y Tomás Cortés, que no quieren ser vistos por la prensa, salen corriendo por la puerta del garaje del hotel, con la cabeza baja. Seguidos por los periodistas no hicieron ningún tipo de declaraciones.

El Jefe declaró en el juicio de la construcción que estuvo presente en la reunión invitado por José María Aznar, porque deseaba que le acompañase al Diario de Burgos -del que ahora es propietario- ya que allí le iban a realizar una entrevista y no conocía a nadie. ¡Todo un presidente de la Junta necesitaba la ayuda de un empresario constructor para acudir a un medio de comunicación!

Ese mismo día, horas más tarde, José María Aznar, José María Peña y Juan Hormaechea se reunieron amigablemente -todavía no sabían lo que les iba a deparar el destino- en el Ayuntamiento para hablar sobre las comunicaciones entre  Burgos y Cantabria. En la rueda de prensa celebrada en la Casa Consistorial, Aznar se negó, de nuevo, a responder a las preguntas que los periodistas plantearon sobre la cumbre del Condestable. Aznar nunca después habló de ello…

Méndez Pozo sigue insistiendo y vuelve a reunirse en otras dos ocasiones, en su despacho profesional de la Avenida General Yagüe, 3, con José Luis Montes:

      -Debes romper el pacto. No ves que esta situación no beneficia absolutamente a nadie. Es necesario recomponer el partido.

Si yo estoy dispuesto a romperlo. Pero antes exijo garantías. Además, es necesario que primero se solucione la situación del partido. Si el partido entra en un periodo de normalidad, se podrá romper el maldito pacto.

Mira. José Luis, estás haciendo el tonto. Si fueras inteligente podrías sacar mucho beneficio de esta situación. Te podrían ir mejor las cosas, tanto en el aspecto personal como en el político. Además, ya sabes que hay mucho exaltado y cual­quier día algún loco puede hacer una barbaridad.

-Mira, Míchel, yo no tengo hijos. Soy cazador y tengo una escopeta en mi casa. Como a alguien se le ocurra hacer algo, voy a por él…

En noviembre, se celebra una nueva reunión -en realidad fue una comida que se llevó a cabo en el RACE de Valladolid y que duró dos horas- a la que asisten Antonio Miguel Méndez Pozo, José María Aznar, José Luis Montes, José María Arribas y José María Peña.

José Luis Montes es citado para este encuentro por José María Aznar, en primer lugar, y por Antonio Miguel Méndez Pozo, que le llamó posteriormente para recor­darle la cita. Ante ello, el presidente de la Diputación se junta en la localidad de Arroyal -donde Carmela Azcona tiene una casa- con los antiguos dirigentes provinciales del partido y solicita que José María Arribas le acompañe a Vallado­lid.

El constructor burgalés se dirige primero al Palacio de la Asunción, donde a las 12 del mediodía le espera el presidente de la Junta, con el que se reúne durante cerca de dos horas. Desde allí se desplazan, siempre juntos, hasta el restaurante en el coche oficial del presidente del ejecutivo autonómico. En la RACE esperan José Luis Montes y José María Arribas. Después entra el incombustible alcalde de Bur­gos.

El comedor está vacío, sólo la mesa de los cinco comensales presidida por Aznar. Peña está sentado enfrente de José Luis Montes y José María Arribas frente a Méndez Pozo. Nadie habla. El ambiente es frío y tenso como el filo de una nava­ja. El silencio impera. Se dice alguna palabra intrascendente, casi sin sentido. Pero nadie conversa:

-Se me ha acabado el pan, dice Peña.

-Toma el mío si quieres, responde Montes.

José María Aznar, harto ya de esa situación, decide entrar en materia.

     -Vamos a ver si nos arreglamos. Es necesario que lleguéis a un entendimien­to. Hay que solucionar los problemas que el partido tiene en Burgos. Montes, tú tienes que romper el pacto.

-Sí, estoy plenamente de acuerdo. Pero creo que antes es necesario que se arreglen los problemas de AP. Cuando en el partido exista una situación de norma­lidad, creo que será el momento de plantearse la ruptura.

-Yo, ni soy del partido, ni me importa lo que os pase en el partido. La ruptura del pacto de la Diputación no puede ni debe depender del clima de normalidad que tengáis en AP. Yo no estoy aquí para esto. De todo lo que tenga que ver con vues­tro partido yo no quiero saber nada.

-Pues si Peña opina así, yo me marcho, aquí sobro…

-Por favor, José Luis, te pido y te ordeno que te quedes -le dice Aznar mien­tras, levantado, le agarra del brazo.

     En otro momento de la escasa conversación que los contertulios mantienen, Peña se refiere a sus relaciones con el constructor.

     -Os voy a decir, por ejemplo, que yo a Méndez Pozo le he ayudado mucho. Y me parece lógico, porque es un hombre muy trabajador y honesto. , -Pues yo también soy muy trabajador y muy honesto y me gustaría que tam­bién me ayudases a mí, respondió inmediatamente Arribas.

Al finalizar la comida, en la que Aznar no habló mucho y Méndez Pozo hizo de puente de unión entre ambas facciones -realizó el papel de hombre bueno, dijo Arribas en el juicio- el presidente del ejecutivo castellano-leonés y el constructor salieron juntos, dijeron que a tomar un café. Montes y Arribas se dirigen entonces hacia el Palacio de la Asunción donde querían hablar con el presidente de la Junta sobre la capitalidad de la región, un tema que todavía estaba sin decidir. Allí les dicen que el presidente estaba reunido y se quedan en un despacho contiguo espe­rando. Poco después entra José María Aznar y a continuación su sombra: Míchel.

-Mirad -dijo Aznar-, la cuestión de la capitalidad es un tema muy impor­tante que ‘debo dejar resuelto. No se puede ni se debe posponer. Sería una irrespon­sabilidad política por mi parte.

-No es el momento. Se va a abrir de nuevo un falso debate que va a tensar las relaciones entre las provincias. Nosotros somos partidarios de que esta cuestión se deje madurar más tiempo y, en todo caso, si estás decidido, debes proponer que la capital de Castilla y León sea Burgos.          .

-Yo, perdonad que intervenga en la conversación, pero creo que Arribas tiene razón, Burgos tiene todos los derechos para ser la capital, a mí me parecería lo más correcto -apostilló el constructor.

-Lo siento, pero lo tengo decidido. Esta es una cuestión innegociable que no dejaré que se retrase más.

-Entonces debes dar contrapartidas a Burgos. Los burgaleses lo exigirán. Ten por cuenta que es una decisión que puede levantar muchas susceptibilidades en nuestra provincia. Te pido que reflexiones sobre ello y adoptes una decisión buena para todos…

José María Arribas y José Luis Montes se marcharon con dirección a Burgos, y allí, en la sede de la Junta, en la casa de todos los castellano-leoneses se quedaron ellos… Aznar y Méndez…

En aquella reunión apareció más tarde Jesús Sepúlveda, hombre de confianza de José María Aznar y cuya esposa, Ana Mata, -a la que tantas veces se refirió Mendez en la declaración que hizo en el juicio de la construcción- era la secreta­ria particular del presidente de la Junta.

Las heridas seguían sin cicatrizar. Había que dar un paso adelante y buscar una sali­da airosa para todas las partes en conflicto. La idea consistía en conseguir que llegasen a controlar la dirección provincial de AP las dos facciones enfrentadas, que se unieran en el reparto del poder. Con esta finalidad se convoca un Congreso Provincial que se cele­braría el 25 de enero de 1.988. Méndez Pozo tuvo una destacadísima participación…

EL CONGRESO DE MICHEL y AZNAR

José María Aznar había buscado una solución salomónica para acabar con los enfrentamientos. Unir en una misma candidatura para la dirección del partido a los enemigos de siempre. Pretendía que los hombres de Peña y los de Vicente Mateos formasen una lista conjunta para el Congreso Provincial. Ello además posibilitaría la ruptura del pacto de la Diputación.

Pero para ello era necesario, primero, convencer a los antiguos dirigentes pro­vinciales de la necesidad de que se casasen -por el poder- con los que habían sido los máximos responsables de sus males políticos.

Otra vez Méndez Pozo invitó a Vicente Mateos a viajar a Valladolid, en esta ocasión para negociar con José María Aznar, al que visitaron en su domicilio. El presidente de la Junta se encontraba muy resfriado, con gripe, y no pudo acudir a su despacho del Palacio de la Asunción.

A Mateos le dejaron las cosas muy claras: no es posible continuar con los enfrentamientos y sólo queda la opción de tragarse los sapos y acostarse con su mayor enemigo, José María Peña.

Míchel, que se desenvolvía en el domicilio del matrimonio Aznar con una gran naturalidad -“un momento, por favor, que voy al baño”, y se iba sin que nadie le dijera dónde estaba o… “Ana, que guapa estás…”- le insistió también a Mateos sobre la necesidad de buscar una solución de futuro que garantizase la unidad de la derecha.

Después de este encuentro, el constructor sigue trabajando como “hombre bueno”. Convoca y organiza varias reuniones entre representantes de los dos grupos para intentar formar una candidatura de consenso. Las negociaciones son arduas, tensas y difíciles. Las diferencias eran muchas y los recelos no podían olvi­darse de la noche a la mañana.

-Yo te puedo asegurar que Peña está dispuesto a pactar. Ese no es problema, corre de cuenta mía. Si vais juntos en una sola candidatura, te garantizo que ganáis el Congreso; os apoyaría Aznar. Si no vais juntos, corréis el riesgo de perderlo… -le asegura en varias ocasiones Míchel a Vicente Mateos en las distintas reunio­nes que celebraron para intentar allanar el pedregoso camino de la unidad.

En las oficinas de Corredores de Comercio -donde trabaja Manuel Muñoz, hombre de confianza de Peña y gran amigo personal de Méndez Pozo: les une su pasión por el arte y sus vinculaciones con el Opus Dei- se celebraron varios encuentros. El constructor participó en algunas reuniones con Mariano Villanueva, José  María Arribas, José Luis Montes y César Huidobro. Míchel se había propues­to buscar candidatos aceptados por las dos partes.

En la sede de la Junta de Castilla y León se dieron cita Aznar, Méndez Pozo y  representantes del sector de Vicente Mateos. Se propuso como presidente provin­cial a Mariano Villanueva y como segundo hombre fuerte a Manuel Muñoz, en representación de Peña. Pero esta candidatura no sería definitiva.

Pocos días después, en el Hotel Condestable -en cuyo último piso se sucedie­ron dos reuniones consecutivas-, José María Peña, José María Codón, César Hui­dobro, Vicente Mateos, Juan Carlos Aparicio y Antonio Miguel Méndez Pozo, entre otros, negocian el reparto del poder. En esta “minicumbre” se llega a un prin­cipio de acuerdo basado en que el presidente del partido sería Mariano Villanueva, mientras que la vicepresidencia cambiaba de manos y se aceptaba a José Luis Montes, que garantizaba votos suficientes para ganar el Congreso. El alcalde, por no ceder tanto, vetó a José María Arribas, que salió rebotado de estas negociacio­nes. Ninguna de las dos facciones aceptó a Juan Carlos Aparicio (el hombre que Aznar quería introducir en el poder local):

-Aparicio es de vuestro cupo, en el nuestro no puede entrar.

-No, no, que va. Si nosotros no le hemos traído. Es de vuestro cupo… y allí estaba Juan Carlos Aparicio -actualmente miembro de la Mesa del Con­greso y de la ejecutiva nacional del PP- haciendo de tripas corazón y viendo como nadie le quería.

Mientras José María Aznar estaba lanzando su plataforma para unir a la dere­cha burgalesa y controlar la situación, desde Madrid se pensaba en apoyar otra alternativa en contra de los deseos del plenipotenciario presidente de la Junta. En esas fechas Aznar y Mancha estaban claramente enfrentados. El presidente nacio­nal había descentralizado el poder en favor de las regionales, pero el presidente de Castilla y León era ambicioso; ya empezaba a segar el camino.

Galo Barahona, empujado por los chicos de Nuevas Generaciones, comenzó a trabajar en la preparación de una lista con la que acudir al Congreso Provincial. Habla con Tomás Cortés y le proponen formar parte de esta nueva alternativa que tendría, como principal objetivo, acabar con el pacto de la Diputación. Entonces se piensa también en Alvarez de Eulate, que estaba apoyado fuertemente por Mancha, y que era un hombre de cierto prestigio como eurodiputado. Además, había sido machacado por Aznar, que le echó sin contemplaciones de la presidencia del parti­do en Castilla y León en 1.985.

Antonio Hernández Mancha, Arturo García Tizón y Fernando Robles decidie­ron apoyar la lista de Eulate, “sobre todo para intentar parar los pies a un Aznar que estaba metiendo cizaña en varios sitios a la vez”.

El 5 de diciembre de 1.987, por la tarde, era el día señalado para presentar la candidatura ante los medios de comunicación. Para ultimar todos los aspectos sus   integrantes quedaron a comer en la cafetería Pineda:

-El Sr. Galo Barahona, por favor.

-Sí, soy yo.

-Le llaman al teléfono.

-Dígame.

-Soy Tomás Cortés, ¿puedes venir un momento a mi despacho de Alonso

Martínez?.  Es un tema urgente sobre la candidatura.

Llovía intensamente. Barahona se encuentra en la calle casualmente con Víctor Martínez Llorente, –concejal de SI- que le acerca en su automóvil hasta el des­pacho de Cortés, donde también está Méndez Pozo:

-Galo, te pido el favor de que me liberes del compromiso de ir en tu candida­

tura.

-¿Por qué?

-Es que me lo ha pedido él -por Míchel-.

-Pues lo siento mucho por él, pero yo no te libero de nada. Tú has dado tu palabra de caballero, has adquirido un compromiso y si eres honesto debes acudir esta tarde con el resto de los compañeros de la candidatura a la presentación ante la prensa.

-Perdona que intervenga, pero… Galo, entiéndelo, Tomás no puede acudir, no puede ir en esa candidatura, ahora no es el momento. Yate garantizo que puedes tener todo tipo de apoyos si las cosas las haces bien. Puedo garantizarte que en ese caso tendrás el apoyo de los tres “José Marías.”

     -Yo sólo necesito el apoyo de los “José Marías” que estén en el partido. Los demás me dan igual.      .

-Pero tú, chico, no entiendes nada. Estás cometiendo un grave error, te puedo asegurar que no es ese el camino. Con vuestra candidatura podéis dar al traste con todo y eso no lo podemos consentir.

-Venga, Galo, libérame y vamos a dejarlo de una vez.

-Mira, Galo, si tienes paciencia y sabes esperar podrías llegar muy lejos. -Lo siento, pero Cortés tiene que venir, ha dado su palabra y yo le exijo que la cumpla.

-Si no me liberas de mi compromiso yo acudiré, te lo garantizo…

En Pineda comen todos los miembros de la candidatura -Galo Barahona, José María Alvarez de Eulate, Emilio Izquierdo, José María Olmedo, Rubén Gonzá­lez, todos, excepto Tomás Cortés que recibe a esa hora una llamada telefónica:

-Tomás, soy José María Aznar. No debes ir en esa candidatura. Te lo pido y te lo ordeno. Esta tarde no vayas a la presentación de esa lista ante la prensa. Hazlo por el bien del partido. Intentaremos que te incluyan en la lista de Peña y Mateos…

Por la tarde, en la sede de AP, José María Olmedo contó a los periodistas que había acudido en representación de Tomás Cortés. La candidatura se presentó ante la prensa. Ya no se podía parar, estaba lanzada a pesar de Míchel y Aznar.

En la rueda de prensa Galo Barahona aseguró: “estamos en el camino de encon­trar definitivamente la solución a los problemas de AP, no mediante pactos artifi­ciales, sino de una manera clara y democrática. Esta opción está integrada por gente que no tiene nada de que avergonzarse y que siempre ha tomado una actitud de generosidad, por lo que está más legitimada que nadie para representar a AP de Burgos”.

Unos días más tarde, José María Aznar, aprovechando su presencia en Burgos con motivo de la clausura de unas jornadas de derecho procesal, comunica a Mon­tes, en el transcurso de una comida que se celebra en el Condestable, que sería el vicepresidente de la futura ejecutiva provincial, al haberse alcanzado un acuerdo definitivo con la facción peñista.

     A José Luis Montes no le apetecía nada sentarse en la misma mesa de poder que Peña y, entre plato y plato, se imagina su futuro bajo el yugo del peñismo:

     -Dispensadme un momento, voy al servicio.

     Montes llama a su mujer y le pide que convoque a todos los díscolos en la Cafetería del Hotel Condestable. Allí, después de que Aznar se marchara convenci­do de que, por fin, tenía controlado el desaguisado de Burgos, se reúnen los inconformistas, entre los cuales se encontraba Juan Carlos Aparicio, que decide no parti­cipar en la revolución:

-Yo, si no os importa, prefiero ver esta batalla por televisión.

     Para cerrar el acuerdo, al día siguiente, José Luis Montes, José María Arribas, Galo Barahona y Antón Peña se reúnen en el hotel Corona de Castilla. Cenan y posteriormente se van a la sede de AP, donde, a las 4 de la madrugada, se reparten el poder: José María Alvarez de Eulate sería el presidente; José María Arribas, el secretario provincial, y Galo Barahona, el vicepresidente, pero con competencias en la organización del partido.

Antes de la celebración del Congreso se produce un desembarco generalizado de los hombres de Peña en AP. Se registran afiliaciones en masa, aunque el alcalde no llegó nunca a firmar su ficha. Estas afiliaciones -José María Codón, Francisco Javier Quintanilla, Víctor Martínez Llorente y otros muchos desconocidos a los que se dejó entrar en el partido para que votasen en el Congreso- se realizaron de manera irregular, incumpliendo los estatutos del partido y con el visto bueno expreso de José María Aznar.

El 25 de enero de 1.988 es el día “D”. Se celebra el Congreso de la esperanza para la derecha burgalesa. Unas horas antes, en la sede de las oficinas de Corredo­res de Comercio, se reúnen Manuel Muñoz Guillén, Mariano Villanueva, César Huidobro, José María Peña y Méndez Pozo. Se plantea la necesidad de que se modifique la lista de integración para incluir en la misma a Tomás Cortés, que se había quedado descolgado por obedecer las instrucciones de José María Aznar.

Huidobro y Villanueva, son taxativos:

-Ni hablar,.la lista ya está elaborada y no puede ni debe sufrir ninguna variación.

Poco después empieza el Congreso. Al mismo asisten Alberto Ruiz Gallardón,

Sixto Gómez -que según Aparicio vino con ordenes de Mancha de amedrentar a las candidaturas contrarias a la de Alvarez de Eulate– Manuel Estella, presidente de AP de Salamanca; Antonio Hernández Escorial, de Segovia, y Jesús Mañueco, de Palencia.

En el Congreso se detecta la presencia de Peña realizando proselitismo político en favor de su candidatura. Este hecho motiva las protestas de varios afiliados.

También está -¿en calidad de qué?- Méndez Pozo.

El resultado fue ajustado: 306 votos para Alvarez de Eulate, 290 paro la candi­datura encabezada por Mariano Villanueva y 90 para una tercera alternativa que encabeza la histórica María Eugenia Yagüe, hija del general de la guerra civil.

Aznar ve cómo su lista es derrotada, lo que supone un serio revés para sus inte­reses. El presidente de Castilla y León se presenta a la clausura de este Congreso de mala gana y pronuncia un discurso agónico: “estoy más que harto de las divisio­nes internas del partido en Burgos. Se tienen que terminar, se tienen que terminar los espectáculos que hemos dado, y todos tenemos que estar juntos en este partido, y yo os lo pido. Todos tenemos que ayudar en el compromiso para el Gobierno de Castilla y León, y yo os lo pido, porque es lo más importante que ha sucedido en España para AP”. Aznar, enfadado, no se quedó a la comida que se celebró en el Hotel Fernán González, donde sí que estuvo Juan José Lucas. En la presidencia había 8 sillas vacías…

Esta derrota de los peñistas provocó que, de forma inmediata, todos aquellos que se afiliaron días antes abandonaran y rompieran su ficha recién estrenada. “Nos abandonaron como lo hacen las ratas cuando se hunde un barco” -dijo un dirigen­te de AP-. Todos, menos Francisco Javier Quintanilla y José María Codón.

AZNAR VUELVE A LA CARGA

José María Aznar empieza de nuevo a trabajar en la unidad de la derecha bur­galesa. Llama a Galo Barahona y, en su despacho del Palacio de la Asunción, le pide que se rompa el pacto de la Diputación. Barahona se compromete a ello, pero deja claro que no depende exclusivamente de él. Se trataba de una decisión que correspondía a la ejecutiva provincial.

Juan José Lucas, el mismo día en que se iba a votar en la ejecutiva la continui­dad o ruptura del pacto, habla con Galo y le pide también que dé un paso al frente y acabe con una situación irregular. Sin embargo, existen serias diferencias entre quienes defendían la continuidad y la ruptura:

     -Arturo García Tizón me ha pedido expresamente que no rompamos, dice Uulate.

     -Además -añade Montes-, yo no puedo romperlo todavía, no tengo garantí­a de SI; pueden traicionarme y no estoy dispuesto a aceptarlo.

     Los miembros de la ejecutiva deciden por absoluta mayoría continuar gober­nado en la Corporación provincial con los socialistas y los del CDS.

La directiva nacional del partido se inhibió ante lo que ocurría. Aunque mantendrían ciertos contactos con algunas personas de Burgos, nunca se le prestó un exce­sivo interés. No se quería intervenir y se prefería mantener al equipo de Eulate y al presidente de la Diputación porque: “Aznar nos había engañado y traicionado. En Burgos el poder político estaba unido directamente a extrañas conexiones financie­ras que intentaban desbloquear la tradicional estructura de AP”.

Esta situación motivó un durísimo enfrentamiento en los pasillos del Senado entre José María Aznar y Arturo García Tizón, que pudo ser presenciado por bastantes personas, entre ellas varios periodistas. Tampoco era del agrado de José Luis Montes, quien, cansado de tantas presiones, decidió, junto a los ocho diputados de AP, plantar cara y marcharse a Madrid para hablar con el secretario nacional de AP. En este encuentro, y tras explicar cada diputado su punto de vista sobre la situación de la Diputación de Burgos, García Tizón se pronunció con claridad:

          -El cuerpo me pide que no rompáis el pacto. Dejadlo estar. Además, gobernar con los socialistas tampoco es ninguna maldición.

La comitiva burgalesa decidió trasladarse desde la capital de España hasta Valladolid, para hablar también sobre la misma cuestión con el presidente de la Junta de Castilla y León:

-Tenéis que romper el pacto. No podemos seguir así por más tiempo. En Madrid, además, me están presionando para que esto se solucione de una vez por todas y yo ya no puedo seguir dando más largas.

        -Pues nosotros acabamos de venir ahora de Madrid -no lo sabía Aznar- y nos han dicho justo todo lo contrario, que no lo rompamos.

        -José Luis, esto así no puede continuar. En este partido tú o yo sobramos. No podemos estar juntos ni trabajar juntos por más tiempo.

        -Pues ya puedes marcharte tú, si quieres, porque yo pienso seguir trabajando en AP.

Era mayo, el mes de las flores, cuando Tomás Cortés decide dar una vuelta más a la tuerca y anuncia que su posición política es incómoda y que dejará de apoyar al grupo de AP en las Cortes regionales el 30 de junio, si antes no se reconduce la situación de la Diputación burgalesa…

José María Arribas, que fue cesado fulminantemente por Alvarez de Eulate como secretario provincial por haber pedido la vuelta de Fraga, incrementa las reu­niones, contactos y gestiones para conseguir la tan deseada ruptura. Los diputados de SI, como un paso previo, se integran en el Grupo Popular de la Diputación, aun­ que esta decisión fue aceptada de mala gana por Tomás Cortés, que, como respues­ta, se da de baja de AP -hasta mayo del 88 mantuvo la doble militancia, en AP y SI, consentida por Aznar-.

José María Arribas sigue esforzándose y consigue que todos los hombres de Solución Independiente firmen ante el notario José María Martín Álvarez un documento por el cual aceptan la presidencia de Montes, cumpliéndose de esta manera una de las exigencias del presidente de la Diputación para acceder al divorcio con socialistas y centristas.

Sin embargo, Montes Álvarez sigue sin tener ganas de gobernar con aquellos que le insultaron y continúa poniendo reparos; no acababa de fiarse de los diputa­dos capitaneados por Tomás Cortés y sigue dando largas, algo en lo que era un experto: “Montes nos toreaba a todos y encima lo hacía de tal manera que no te podías enfadar con él”, decía irónicamente un miembro de la ejecutiva provincial.

      Arribas, para intentar meterle en cintura, se lo lleva, junto con Felicísimo Gara­bito, a ver al patrón, Manuel Fraga Iribarne:

      -Querido José Luis, ese pacto hay que romperlo.

      -Sí, don Manuel, pero sin que AP pierda el Gobierno de la Diputación.

      -Por supuesto. Hay que romperlo en el momento oportuno.

      -Pues, entonces, necesito tiempo…

La ruptura se iba madurando. Montes era consciente de que la situación comen­zaba a ser insostenible y que las presiones eran cada vez mayores. El grupo socia­sta también sospechaba que esta historia de amor no podía durar mucho más. “Antes de que finalizase el año 88 se celebra una reunión en Miranda de Ebro, en el domicilio del secretario provincial del PSOE, Julián Simón de la Torre, con el objeto de firmar un documento sobre cómo debía ser el funcionamiento de la Dipu­tación. Era una manera de ratificar la vigencia del pacto. A esta cita asistieron José María Martínez, Juan José Laborda, Fernando Cardero y el propio José Luis Mon­tes, que decidió no suscribir el documento: “Fue cuando los socialistas nos dimos cuenta que el pacto se iba a romper”.

Ello, a pesar de que el presidente Montes estaba muy agradecido a Juan José Laborda, con el que en Bilbao renegoció las condiciones del pacto, que, a su enten­der, eran bastante leoninas, algo que el jefe de los socialistas burgaleses compren­dió.

El gobierno tripartito en la Diputación fue causa de enfrentamientos entre los propios socialistas. Fernando Cardero y Ángel Olivares se engancharon como con­secuencia de que el segundo, presidente de la comisión de Personal en la Corpora­ción Provincial, no aceptó las presiones del primero para presidir un tribunal de unas oposiciones a las que se presentaba su hijo, de nombre también Fernando. Suspendió y Cardero culpó de ello al hoy director general de la Policía.

Este hecho fue una de las causas por las que  poco después José Luis Cor­cuera, íntimo amigo de Olivares por guerras sindicales de antaño, le propusiera ir a Ávila como gobernador, lo que aceptó sin vacilar.

Con la vuelta de Fraga, en enero de 1.989, una de las primeras decisiones que se adoptaron, a petición expresa de Aznar, fue la de cesar a la ejecutiva provincial de Burgos. Para ello el viejo presidente habló con Álvarez de Eulate, al que con­vence para que dimita a cambio de ir en un puesto significativo en las elecciones al Parlamento Europeo. Poco después se convocó al resto de los miembros de la eje­cutiva provincial en la sede de Génova, 13:

-Muchas gracias, amigos de Burgos, por el sacrificio que vais a hacer. Pensad que es por el beneficio de AP El partido sabrá recompensaros adecuadamente por ello.

-Sí, presidente -dijo Eulate-, ya sabes que siempre nos hemos esforzado por el partido…

-Pero, ¿esto qué es? -pregunta uno de los asistentes-o Esto no puede ser. ¿De qué se está hablando aquí? Hay que respetar la voluntad de los afiliados de AP de Burgos que nos dieron su confianza. A ellos nadie les ha preguntado todavía sobre lo que aquí se está hablando.

-No, mire usted —espetó impetuoso Fraga-, su presidente ha decidido poner su cargo a disposición del partido y yo lo acepto. Los estatutos determinan muy claramente cual es el proceso a seguir a partir de ahora.

-Pero a nosotros nadie…

-No hay que darle más vueltas, el asunto está resuelto.

La reunión duró 15 minutos: “Álvarez de Eulate nos había vendido para garan­

tizarse un puesto en las europeas. Luego le pasaron factura y las promesas que le hicieron se desvanecieron en el viento. De ser eurodiputado en ese instante se quedó sin nada. Hoy ya no está en la política”.

José María Aznar encarga a Juan Carlos Aparicio —el hombre al que un año antes nadie quiso en el partido- reconstruir la derecha en Burgos y zanjar las divi­siones fratricidas. Aparicio y Aznar se conocieron en 1.987, en un vuelo a Tenerife donde coincidieron. Desde entonces hubo un cierto flechazo mutuo.

El nuevo presidente de la gestora se rodea de un equipo con personas que hasta ese momento no habían tenido arte ni parte en las luchas intestinas de la derecha. Era gente con las manos limpias de sangre y con las que forma la gestora del parti­do. Después de conseguir que Tomás Cortés se integrase en el Grupo Popular de las Cortes regionales, se da un ultimátum para romper el pacto de la Diputación. Si no se obedecía, el siguiente paso era el expediente y la expulsión del partido.

José María Arribas anunció en varias ocasiones que se había roto el pacto, aún sabiendo que no era cierto. Con ello quería meter presión a un Montes vacilante que no acababa de dar el paso definitivo. José Luis Montes se da cuenta que el tiempo se le ha acabado. Ha llegado la hora de tomar la decisión. Por fin, después de tan largo recorrido, el Gobierno tripartito entre AP, el PSOE y el CDS se rompe en marzo de 1.989. Desde Alianza Popular se intenta imponer que José María Olmedo sea el vicepresidente de la Diputación. Sin embargo, Montes no acepta, “porque hubiera sido una golfada dejar tirado a José María Martínez, que me apoyó desde el principio”. José Luis Montes considera que es de obligada gratitud comu­nicárselo antes que a nadie a los que habían sido sus compañeros de viaje. Llama a Fernando Cardero y le envía una carta, otra a Julián Simón de la Torre y a Julián Altable, informando que el pacto se ha roto.

Montes se dirige después al domicilio de José María Arribas, que iba a salir de viaje con dirección a París. Quería darle el gusto de que fuera él “por el interés que siempre puso”, quien anunciase la buena nueva a la prensa.

El 16 de marzo se celebra el pleno en el que se aprueba la remodelación del equipo de gobierno. Desde ese día, 13 diputados del Grupo Popular gobiernan esta institución burgalesa. Sin embargo, en el nuevo equipo sólo dos hombres de SI lograron cargos, Víctor Escribano y José María Olmedo. Tomás Cortés se quedó como al principio: compuesto y sin novia.

Montes nunca confió en la fidelidad de los diputados de SI. Por esa razón nunca aceptó someterse a la moción de confianza que una y otra vez planteaban el PSOE y el CDS. El resultado podía haberle dejado sin el sillón.

Como un gesto de generosidad por parte del partido, el presidente de la Diputa­ción recibió la promesa de que sería delegado de la Junta en Palencia y el número uno en la lista de procuradores para las elecciones de 1.991. Del número uno pasó al tres; “según me dijo Orden Vigara, él debía ser cabeza de lista porque era un deseo expreso de José María Aznar”. Del puesto número tres le bajaron más tarde ni cinco, y en ese punto José Luis se dio cuenta de que la carrera política se le había acabado. Le estaban pasando factura. Renunció a ir como procurador…

* * *

Juan Carlos Aparicio: “Las reuniones las convocaba Antonio Miguel Méndez Pozo porque tenía un enorme poder de convocatoria; acudía todo el mundo. Ello además le daba cierta fuerza moral para formular algunas recomendaciones sobre la unidad de la derecha”.

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Comentario por A Rivero




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